La conveniencia de seguir instrucciones

Fecha Publicación: 12/5/2016

Seguir las instrucciones es una indicación que, en principio, no debiera tener dificultades mayores, sobre todo cuando éstas son particularmente obvias o de rápida comprensión, de modo tal que para el común de los mortales tomar debida nota de la recomendación y obrar en consecuencia es una forma natural de respuesta.

Es válido cuando en la carretera se advierte que está resbaloso con lluvia, o para los niños, aquella de no meter los dedos en los enchufes. Se pide hablar quedamente en los hospitales, guardar silencio en las bibliotecas. Estamos llenos de señales que, en términos generales, recogen la experiencia de muchos años, a veces de siglos enteros, adquirida no pocas veces a un costo tremendo.

Se puede encontrar este tipo de admoniciones en muros de Pompeya hace dos mil años; caveat canem, cuidado con el perro. Como en los casos anteriores, desoír el consejo tiene consecuencias, mordisco en el caso del perro, tontamente subestimado en su capacidad mordedora, pero en otros casos los resultados pueden ser harto más perjudiciales. 

A Cesar Augusto se le ha adjudicado muchas frases célebres, ente ellas el consejo a su tonsor, el que le afeita, "festina lente", apresúrate con calma, una excelente recomendación, dado los riesgos.

Es de elemental cordura ir con calma en situaciones complejas y peligrosas, salvo audaces irredimibles o rupturistas desafiantes, a casi todo el resto del mundo le parece la manera correcta de actuar. Habría que agregar un grupo numerosos altos actores de la administración pública convencidos que es posible acelerar, no importa cómo sean las condiciones imperantes, a sabiendas de las conocidas consecuencias.
 


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