Conciencia de los derechos, deberes y valores ciudadanos

Fecha Publicación: 11/5/2016

Tal y como se había pensado en su momento, el gran tema de la Constitución, no importa que se haya tratado de restar la magnitud de su impacto, atenuándolo con un extenso y abierto debate popular como parte de un proceso constituyente, una mecánica de aparente espontaneidad que busca consultar dispersamente a la ciudadanía interesada, con algunos moderadores, empieza a invadir los espacios de opinión.

Las discusiones de este aspecto fundamental de la democracia tienen como sustrato una serie de conceptos que por décadas han estado ausentes de la primera plana, con chilenos cuyo principal foco de atención ha sido conducido al bienestar material y, al mismo tiempo, distraídos de la res pública. Los planes de estudio bajaron a niveles casi imperceptibles conceptos básicos de la razón de ser ciudadano, que en dictadura resultaban inquietantes y con potencial desestabilizador.

En un momento diferente, Chile se plantea revisar su Carta Magna y los valores que la inspiran, lo que demanda un grado de comprensión que ha estado, en consecuencia, ajeno y distante, y que, sin embargo, resulta absolutamente elemental y básico para la discusión que se ha instalado. Conceptos sobre los cuales debe haber claridad meridiana e íntimo convencimiento, aunque existan más que razonables dudas sobre cómo se logrará documentar la opinión de los ciudadanos participantes y el grado de representatividad de esas opiniones, asuntos en sí mismos de calurosa polémica pendiente.

Uno de los asuntos que se discuten en dichas asambleas se refiere al concepto de valores ciudadanos, un tema que se presta para toda suerte de improvisaciones y que, sin embargo, consiste en algunos aspectos muy acotados, que bien vale la pena recordar. El primero es Respeto, que es aceptar y comprender tal y como son los demás, su forma de pensar, aunque sea diferente. El respeto es un valor fundamental en la vida de cada persona y sin ello es imposible una buena convivencia, y comunicación y confianza en la sociedad.

Otro valor, un tanto declinante, es la Responsabilidad, es decir, el compromiso son las propias decisiones y con las consecuencias que estas pueden generarle tanto a la persona en sí como a quienes lo rodean, se agrega un tercero, cuya relevancia es ocioso enfatizar y muchas veces claramente ausente, la Honestidad, el comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia.

Como una característica de la sociedad chilena, el valor que sigue es más bien episódico, de fácil olvido; la Solidaridad, del sustantivo latín soliditas, algo físicamente entero, duradero, unido y fuerte, en el cual las partes integrantes son de igual naturaleza, como debería suceder en la comunidad humana.

Finalmente, como requisito de estabilidad, la Autodeterminación, la posibilidad de ejercer una conducta autónoma que permite a las personas actuar independientemente. En la actualidad, este concepto, como la autoestima, la percepción de valía y la calidad de vida, ocupa un lugar predominante en la investigación y prácticas educativas.

Ese es uno de los grandes desafíos de la educación, encontrar la fórmula para que los jóvenes escolares egresen desde sus colegios habiendo aprendido a comportarse como ciudadanos, es decir, como personas conscientes de sus derechos y deberes en la sociedad a la que pertenecen, con clara conciencia de sus valores ciudadanos.


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