La preocupante realidad de los delitos en el comercio

Fecha Publicación: 9/5/2016

Es imperativo no acostumbrarse, no hay riesgo mayor para el deterioro de la calidad de vida urbana que la aceptación resignada del delito. Que sea tolerable el tener que pagar una suerte de peaje por vivir en la ciudad, representado por los robos, los hurtos y los daños a la propiedad privada. Muy por el contrario, hay que cultivar la indignación, si el pesimismo y el cansancio amenazan con pedir a la sociedad que deje las cosas como están, que así es la vida.

La vida no tiene porqué ser así, la ciudad se merece más. Concepción no tiene que estar ubicada entre aquellas donde el delito golpea y aflige al comercio establecido. Las personas tienen su propia evaluación de la seguridad ciudadana, pero el último informe de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), da clara imagen de una realidad inaceptable

Según la XIII Encuesta de Victimización del Comercio, realizada por la CNC, el 45,7% de los establecimientos comerciales, hoteles y restaurantes del país fue víctima de delitos el segundo semestre de 2015, con el retail como el sector más afectado, con un 90,8% de victimización, principalmente por hurto y hurto hormiga. El estudio se realizó en marzo y abril de este año, a 1.200 establecimientos de Iquique, Antofagasta, Viña del Mar-Valparaíso, Gran Santiago, Concepción-Talcahuano, Temuco y Puerto Montt.

En referencia a las frases introductorias, como una reacción tan preocupante como indeseable, aproximadamente la mitad de los entrevistados -un 47,9%- decide no denunciar los delitos de los que han sido víctimas, sobre todo los establecimientos minoristas. Esta actitud de abandono o renuncia resulta de no tener pruebas o testigos, 40.4%, o por no confiar en los resultados, o considerarlo una pérdida de tiempo (34,5%), opinión esta última congruente con las respuestas de los encuestados a la pregunta si habían obtenido los resultados que esperaban, a la cual un 68,8% afirmó que no y sólo un 12,3% respondió afirmativamente.

Frente a esta situación hay dos mundos. El oficial, que informa de resultados positivos del control de la delincuencia, con las estadísticas adecuadas para demostrar que la frecuencia ha disminuido, que hay menos robos con violencia, que se basan en cifras de denuncias o delitos que han sido detectados mientras se cometían. Por otra parte, en el segundo mundo, el del ámbito de la realidad ciudadana, se percibe a bandas actuando cada vez con más audacia, operando con todo el tiempo necesario, mientras se conoce de portonazos y otras innovaciones de los delincuentes, resultante en una inconfortable sensación de inseguridad.

La separación entre los dos mundos, el de las estadísticas policiales y el de los ciudadanos resulta en un enorme costo para estos últimos, se ha llegado al extremo de electrificar cercos de casas particulares, invertir en sistemas de videocámaras o agregar a los servicios básicos, sistemas de alarma y de monitoreo por empresas especializados que, para peor, a la hora de los hechos resultan muy cercanos a la inutilidad.

Es obvio que algo falta, una mejor conectividad y más ágil reacción de las fuerzas del orden, otras medidas que la tecnología haga factible, lo único que está claro que no es posible bajar la guardia.


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