Un nuevo aniversario de la Universidad de Concepción

Fecha Publicación: 8/5/2016

El Campanil, para el rector Molina: "un emblema de benévolo señorío de la universidad", más los edificios de las facultades y reparticiones, el Arco de la Universidad, el Foro, La Casa del Arte, los parques, han conformado una marca de identidad ciudadana.
 

Las distancias eran mayores entre la capital y las regiones a principios del siglo pasado, no solo en kilómetros. Particularmente, la orgullosa ciudad de Concepción, transformada en una ciudad ramal, de carreteras precarias y del ferrocarril. El aislamiento relativo, sobre todo de la cultura y de la educación superior, fue desde temprano un desafío enfrentado con esfuerzos no pocas veces heroicos. 

El punto de inflexión, irreversible y diferenciador, fue la fundación de la Universidad de Concepción. Sin desconocer que hubo estudios superiores, impartidos en la ciudad por la Universidad Pencopolitana, entre 1724 y 1767; las cátedras de Teología y Filosofía en el Seminario Conciliar; y el curso de Leyes dictado por el Liceo desde 1865, que calificaban a sus egresados para rendir exámenes de licenciatura y abogacía ante la Universidad de Chile.

La masa crítica de penquistas de entonces, con una clara conciencia ciudadana, integraba a las familias más antiguas, a los profesionales más destacados, pero igualmente a vecinos interesados y representantes de todo el espectro político, con un objetivo común; el proyecto de Universidad y Hospital Clínico, encabezados por el médico Virginio Gómez y el abogado, filósofo y educador Enrique Molina Garmendia. Uu comité que logró su fin dos años más tarde, en una dinámica que este último, su primer rector, describiera como golpe de audacia. 

Con solo cuatro carreras fundacionales, Leyes, Dentística, Farmacia y Química Industrial, a muy poco andar, con enormes limitaciones económicas, la Universidad se entroniza en la ciudad, se hace parte de su destino y conforma un polo de desarrollo que no ha hecho otra cosa que consolidarse y crecer. El Campanil, para el rector Molina: "un emblema de benévolo señorío de la universidad", más los edificios de las facultades y reparticiones, el Arco de la Universidad, el Foro Abierto, La Casa del Arte, los parques, han conformado una marca de identidad ciudadana, el Barrio Universitario, un referente nacional e internacional.

Si es fácil reconocer las obras concretas, no lo es tanto valorar en justicia el impacto de la Universidad sobre la ciencia, la cultura y el arte, aunque hay evidencias palpables, como la prestigiosa revista Atenea, creada en 1924, que publica temas relevantes de distintas disciplinas, provenientes del mundo universitario e intelectual de Chile y América Latina. También la Orquesta Sinfónica y el Coro, nacida la primera en 1952, como una pequeña agrupación de músicos aficionados que se presenta en el antiguo Teatro Concepción, y que son parte de la corporación cultural de la casa de estudios. 

Este nuevo aniversario, cada vez más cercano a su primer siglo, muestra a una Universidad con 24.365 alumnos, un aporte al país de 57.000 titulados, en 90 carreras. Más 2.525 alumnos de Programas de Doctorado, de Magíster y de Especialidades en el área salud. Son grandes números, pero más que eso, expresan un compromiso indeclinable con el desarrollo regional y de la nación.

Antigua, sigue siendo nueva, vivo el espíritu de sus fundadores, en constante mejoramiento de sus funciones. Su última ventana con vista al futuro puede ser el Parque Científico y Tecnológico, pero en cada repartición de esta enorme casa hay nuevas iniciativas de innovación y crecimiento, no sin razón se festeja orgullosamente 97 años de Universidad.


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