Monstruos sin causas valederas

Fecha Publicación: 8/5/2016

Si hubiera ahora mismo un concurso de monstruos legendarios, es muy posible que se mencione a Frankenstein, un error para empezar, porque no se llamaba así, se trata del monstruo de Frankenstein, el nombre del médico, digno del psiquiátrico, que lo armó a base de pedazos de cadáveres recientes, convenientemente suturados entre sí, con gran paciencia y no poco trabajo, hecho vivir mediante un par de golpes de alta tensión eléctrica, provista por rayos atrapados en una tormenta ad hoc. 

La novela de la muy joven Mary Shelley, trata del médico de marras como un nuevo Prometeo, que le roba el atributo de dar vida a los dioses, creando una criatura que ella misma adjetiviza en los peores términos, aún antes que el feísimo hombre artesanal empezara a hacer de las suyas.

En el fondo, se trata de una creatura que tiene un alma de niño, sin maldad, pero que ante el rechazo, el desprecio y la violencia de todos hacia él, debido a su pésima apariencia y tamaño amenazante, reacciona con dolor y rabia y empieza a matar gente, lo cual no hace otra cosa que dar la razón, ex post facto, después lo sucedido, a sus despiadados torturadores, que ahora si tienen razones de más para buscar su destrucción por los medios más expeditos.

Es a lo mejor comprensible que cambiando lo que haya que cambiar, algunos comportamientos indecentes o delincuenciales se puedan explicar por un castigo previo de la sociedad, por motivos ajenos a la responsabilidad de los hechores, pero no hay nada que explique actuaciones tipo monstruos de Frankenstein en personas que tuvieron todo lo que hacía falta y a veces mucho más.


PROCOPIO
 


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