La temible saga de la reparación doméstica

Fecha Publicación: 7/5/2016

A nadie le gusta tener miedo, independientemente del grado de heroísmo personal, heredado o adquirido, el miedo es una emoción molesta en sus niveles más bajos, e insoportable en grados más extremos. No es necesaria una dosis diaria de temor para la salud. 

Habiendo introducido este interesante tópico, es comprensible que se quiera eliminar los agentes atemorizantes, por ejemplo, los maestros que acuden al hogar cuando hay algunas fallas en los sistemas, puede ser el timbre de la puerta, la llave de paso, el calefón, algo que esté fuera de las competencias de quien oficie de dueño de casa.

La llegada de este personaje de mirada escrutadora es un poderoso estimulante del temor, en relación directa con el tiempo que transcurre mientras dure la inspección del defecto. Suele haber un prólogo, una suerte de anamnesis que consiste en averiguar quién ha sido el último participante en el hecho, el cual pasa a ser inquietantemente descalificado, por inepto y por dejar daños colaterales.

Tras el diagnóstico, no todas las veces convincente, viene la descripción de tarea, casi siempre de extrema complejidad, con algunas advertencias del posible descubrimiento de complicaciones, por el momento indetectadas, se presenta un listado de materiales necesarios y un presupuesto por mano de obra, que suele estar por encima de lo estimado por el solicitante del servicio.

El resto es cíclico, habrá que vivir esta atemorizante experiencia más de una vez, mientras no exista convencimiento que en Chile hace desesperada falta una masa crítica de enseñanza técnico profesional, que nos libre de este folclórico contingente de maestros chasquillas. 


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF