Sobre cambios, acciones y reacciones

Fecha Publicación: 2/9/2015

Es evidente que Ortega y Gasset tenía toda la razón cuando resumía las lides políticas como una competencia entre paralíticos y epilépticos, dando por entendido que al final la realidad terminaría por imponerse y resultar en lo que Horacio, había recomendado hace algo así como dos mil años, aurea mediocritas, el dorado término medio, un equilibrio entre las audacias y los temores, entre la extrema austeridad y el despilfarro.

Esa dicotomía ha estado presente en el debate político chileno a partir de las grandes propuestas de cambios estructurales, que tenían el defecto estructural de no haber considerado a cabalidad ni el hecho que la ciudadanía se reserva el derecho de reaccionar, sobre todo cuando la información fluye de modo contemporáneo a los hechos, ni la esperable reacción en contrario de quienes se sienten lesionados.

Ante la razonable reacción de la autoridad en orden a graduar la intensidad de los cambios, en justa apreciación de las dificultades, renacen con renovados bríos los impacientes, con las frases impactantes y dirigidas a las vísceras de los más impetuosos- no a la contrarreforma- que atiza las discordias, sin considerar que han llegado los tiempos de la prudencia, por el bien del país y de los aspectos positivos de las reformas que se pretende implementar.

El mismo Horacio concluye "La fuerza que no va guiada por la prudencia, cae por su propio peso.", mientras un pragmático presidente de los EE.UU, James A. Garfield, aludía a factores necesarios y en la actualidad no siempre presentes, o claramente faltantes, como una clave para el éxito; honradez, laboriosidad, prudencia y economía. 


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