La millonésima parte de nada

Fecha Publicación: 5/5/2016

Se ha instalado en la sociedad una intrigante paradoja; por una parte, la individualidad imperante y, por otra, la creciente complejidad de los problemas. La sustantiva pérdida de socialización, de la función de los grupos y comunidades, con la tendencia a vivir cada quien para sí, haciendo caso omiso a las necesidades o ilusiones de los demás, que se contrapone con la indispensable asociatividad necesaria para resolver asuntos complicados.

Se añade a estas dos situaciones el aumento exponencial del conocimiento, que motiva, como única manera de manejar tamaño volumen de información, la existencia de personas especializadas, en áreas cada vez más circunscritas, ahora casi sin opción, además con lenguajes particulares para cada segmento.

Queda de esa manera trazada la cancha para la incomunicación, incluso cuando por estricta necesidad y ausencia de alternativas, no queda otra que juntarse. Lo que hay que aprender es a juntarse de nuevo, a hacer de la sociedad una transacción enriquecedora para todos los interesados, no solamente juntos pero no revueltos para propósitos específicos, reconocer la fuerza del grupo. 

Cuento posiblemente chino; desde la copa de un árbol, dos pájaros miraban caer la nieve y conversaban. De repente, uno de ellos pregunta: "¿Cuánto pesa un copo de nieve?". El otro responde: "Los copos de nieve pesan la millonésima parte de nada".

La nieve sigue cayendo y se acumula hasta quebrar una rama, el pájaro que había preguntado sobre el peso de los copos de nieve miró a su compañero y le dijo: "Es increíble lo que son capaces de hacer las millonésimas parte de nada cuando se juntan".

La moraleja es que no hay que ser pájaro chino para darse cuenta.


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