El recuerdo de los olvidados de Roma

Fecha Publicación: 4/5/2016

En la Roma clásica, quien ejercía el dominio, sin falsos rubores, era una elite que se perpetuaba a sí misma, delimitada y definida por la riqueza, la tradición, la sangre y el poder, sus miembros se distribuían en los tres "ordines" en que estaba dividida. La orden senatorial, la más elevada en lo socio-político, la orden ecuestre, centrada en la riqueza antes que el poder político y la decurional los más acaudalados distribuidos en todas las regiones del imperio. 

El número de miembros de estas tres órdenes no ascendía a más de 100 o 200 mil personas, menos del 0.5% de la población del imperio, entre ellos se tenía en cuenta sólo a los hombres adultos, o sea, unos 40.000. El asunto que importa es que ese 0.5% tenía un impacto increíblemente poderoso sobre el resto del anónimo 99.5% restante. Se daba lo de siempre: el poderoso caballero que es don dinero. La elite en su conjunto manejaba el 80% de la riqueza, eran los denominados honestiores, los honorables y todo el resto, es decir, el 99.5%, eran los humeliores, seres inferiores.

Allí podemos encontrarnos todos, en la vida común de desafíos, sueños y trabajos de los seres de todos los días, sin aspiración, ni de cerca, para los monumentos en mármol, con sorprendente actualidad en cuanto a necesidades y esperanzas, la lucha por el pan de cada día, el empeño por la defensa de la familia, el cuidado de los niños. Como si el tiempo no hubiera pasado, los mismos hombres a miles de años de distancia, como nosotros, recorriendo caminos parecidos en nuestra oportunidad de vivir en este planeta indiferente. Nunca nos contaron de eso en las clases de historia, de haberlo sabido habríamos estado más atentos.

PROCOPIO
 


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