La irrenunciable tarea de saber más

Fecha Publicación: 3/5/2016

Aunque algunos hayan optado por hacerse los desentendidos, ha llegado la era del conocimiento, ese es el principal atributo, el que más sabe está en la punta de la pirámide, el problema radica en una característica indeseable del proceso de conocer; oculto en el atractivo envoltorio del conocimiento hay siempre potenciales dolores, desilusiones y desengaños. Como si fuera poco, tiene además la aparentemente poco atractiva consecuencia de abrirnos la puerta a una infinidad de inseguridades. Cuando las cosas son simples y pocas, es más fácil resolver o tomar decisiones que cuando éstas son muchas y complejas.

En consecuencia de lo anterior, cuando nos embarcamos en iniciativas para avanzar en planos más avanzados de conocimiento, en vez de estar cada vez más ciertos y seguros, ante una realidad enriquecida, se suele estar más inseguro o temeroso, la simple realidad de antes es ahora ambigua o dispersa.

Así las cosas, parece que se va más para atrás que para adelante, lo que era absoluto es ahora más bien relativo. Asunto molesto y cansador que hace concluir a nuestro folclor que más vale la pena hacerse el tonto y no meterse.

Sin embargo, en los tiempos que corren, no saber, quedarse por allí haciéndose el distraído, no parece ser una opción, hay que estar al día, no importa a lo que nos dediquemos, puede haber matices de menor o mayor urgencia, pero no se escapa nadie, es condición sine qua non si se quiere ir a alguna parte.

Además, como consuelo para aquellos que se encuentren en esta situación, es bueno recordar que el conocimiento no solo trae luz y alegría, sino oscuridad y dolor. Como todo, de lo contrario viviríamos paralíticos, al borde del aburrimiento. 


 


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