Infancia no siempre protegida

Fecha Publicación: 2/5/2016

En una investigación relativamente reciente, en el primer mundo, para no molestar a actores del ámbito local que pudieran darse por aludidos, se verificó que los niños llevados a consultorios por dolor habían estado sufriendo por muchos días, o incluso semanas, antes que sus padres o cuidadores se decidieran a buscar ayuda, para peor en un porcentaje grande de casos, los analgésicos indicados no habían sido suficientes.

Eso no ocurre con los adultos, que pueden buscar alivio solitos o reclamar amargamente si el tratamiento que se les indica no resulta.

Hemos avanzado mucho en el cuidado de los niños, pero la sola existencia de tantas agencias para vigilar que la infancia sea auténticamente protegida, da cuenta de lo precario de sus derechos, da la impresión, en muchos casos, que si no existieran leyes ni agencias, podría optarse por dejarlos a su suerte.

Somos más civilizados ahora, se supone, no estarían bien vistos lo modos expeditos de dejar a los niños por allí, abandonados como en los viejos tiempos, pero los abandonos tienen muchas caras, muchas de ellas invisibles al escrutinio de la sociedad; restar cuidados, privarlos de auténtico apoyo, de cariño cercano, de soporte a los numerosos desafíos de una infancia que cambia día a día.

Actuar así, demanda de los adultos una especial responsabilidad que, hartas veces, se ve diluida o postergada por esta vida con el pié en el acelerador y la vista puesta en una nueva ambición, siempre urgente. Sería altamente recomendable, para muchos de nosotros, salir un rato de la autopista y darnos la oportunidad de darnos cuenta que podemos hacer más por los niños, los de la casa y los otros.



PROCOPIO
 


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