La mujer de Sócrates

Fecha Publicación: 29/4/2016

A Sócrates le resultaba difícil vivir con su mujer, pero no podía vivir sin ella, de modo que hizo de esa circunstancia cotidiana un aprendizaje filosófico; si logro que Xantipa no influya en mi ánimo, alcanzaré la máxima sabiduría: el gobierno de mí mismo. Como Sócrates jamás se tomó la molestia de escribir una línea, tuvieron que ser sus discípulos y amigos los que se encargaran de contarnos de este filósofo famoso, vida y milagros, como esta filosófica conclusión.

Xantipa se casa joven e ilusionada con un joven inteligente y promisorio, con el objetivo tácito de tener un buen vivir, una casita bonita, con jardín, y termina con este personaje que olvida con frecuencia las convenciones sociales, cambiarse la toga, cuidar de su aseo personal o llegar a tiempo a la hora de almuerzo.

Por otra parte, es relativamente fácil comprender a Sócrates, al menos en estos pedestres asuntos, con la cabeza llena de ruidos, con el desafío cotidiano de entender para qué está el hombre en el planeta y cuántas verdades contiene su inteligencia, si se tiene el correcto procedimiento para ir a buscarlas.

Es hasta cierto punto injusto que todos sepamos tanto de Sócrates y tan poco de Xantina, que no se haya sabido qué pasó con esta sufrida mujer una vez que el tribunal de Atenas condenara a su marido a un letal cóctel de cicuta. Lo que se puede intuir es que esa mujer de carácter fuerte, que no se inhibió a la hora de ponerle las peras a cuatro al maestro, seguido fervorosamente por sus discípulos, le dio algo más que resignación filosófica, logró mantenerlo activo hasta la hora última, no poca deuda para los que se gastan buscando la verdad.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF