Distancia entre la obra y su creador

Fecha Publicación: 28/4/2016

Deben ser pocos los que no asocian a Jean-Jacques Rousseau con la famosa conclusión de que el hombre nace puro y la sociedad lo corrompe, en línea con su propuesta del buen salvaje. Lo que no está demasiado claro es como llegó a esa conclusión sin haber conocido a salvaje alguno en su larga carrera de huésped latoso.

En fin, son los riesgos de haber sido educado por los tíos, ya que su madre falleció pocos días después de su nacimiento y no ha sabido demasiado de su padre, que aparentemente debió haber estadio ocupadísimo en algún lado como para transformarse en alternativa viable. Ya más grandecito, a los 13 años, trabajó como aprendiz de grabador. A los 16 escapa, siendo acogido por un sacerdote. Muy pronto se convirtió en secretario y acompañante asiduo de madame Louise de Warens, mujer rica que tuvo una profunda influencia en toda su vida, que bien mirado es lo menos que pudo haber sucedido.

En el año 1742 se radica en París, donde trabaja como profesor, copista y secretario político. Hizo amistad con el filósofo francés Denis Diderot, quien le encargó escribir artículos sobre música para la Enciclopedia francesa, la amistad duró poco al atacar Rousseau la filosofía racionalista del famoso coautor de L’Encyclopédie. Más tarde se enemistó con Voltaire, una idea realmente pésima, ya que este no se andaba por las ramas y lo acusó de ser padre que abandona a sus hijos, lo que era verdad.

Nos han quedado obras importantes de este pensador, el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, El contrato social, por ejemplo. Lo que no hay que confundir es la obra con el hombre, porque no siempre ambas cosas suelen ser de igual valor.

PROCOPIO
 


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