Imperiosa urgencia por recuperar los daños de terremotos e incendios

Fecha Publicación: 26/4/2016

Es imposible evitar las analogías al contemplar las actitudes y las declaraciones al momento de declararse el enorme incendio del Mercado de Temuco. Ha sido como volver a los infaustos acontecimientos del incendio de nuestro propio mercado, solo que ente ambas desgracias hay casi exactamente seis años de distancia.

Es inevitable recordar que fue un domingo 28 de abril de 2013, cerca de las 11:45 horas, cuando el mercado municipal de Concepción fue destruido por un grave incendio, justo días antes de que se llevase a cabo una consulta acerca de su posible mantención y valoración como patrimonio arquitectónico de la ciudad, llevándose por delante uno de los sitios emblemáticos de la ciudad y buena parte de los sueños de aproximadamente 370 familias quienes perdieron sus fuentes de trabajo en el recinto.

Las reacciones son similares, las autoridades comprometen canalizar los instrumentos con que cuenta el Estado para ir en ayuda de quienes resultaron afectados. Se afirma que se les pondrá a disposición del municipio para enfrentar la contingencia post incendio, en estrecha coordinación con la entidad edilicia y los distintos colectivos afectados por esta conflagración.

Bien harían las autoridades de ambas regiones, las de Araucanía y la nuestra, en sostener una reunión, o las que hagan falta, de aterrizaje en la realidad, comparar experiencias, las recientes de Temuco y las muy reiteradamente sufridas por los penquistas, para encontrar la sinergia necesaria para los objetivos de ambas, que en el fondo consisten en incorporar en los planes y programas la variable región, que en estos casos es casi toda la diferencia, las dificultades y tiempos involucrados cuando se trata de reconstruir en la realidad regional, a diferencia de circunstancias similares en la capital, en un país que, al menos en toneladas de escritos, ha proclamado su compromiso con la pronta descentralización.

Nuestro mercado recibió el más ambiguo de los respaldos; el Consejo de Monumentos Nacionales lo declaró monumento histórico, al Mercado Central mismo y sus estructuras aledañas, como la pérgola de las flores que opera en el exterior, una calidad que somete a consulta del Consejo cualquier decisión que se tome en torno al edificio, con la notable advertencia que el Consejo en cuestión no tiene financiamiento para las iniciativas que surjan, las cuales, eso sí, deben ser autorizadas por la organización, situación que habría dejado a Kafka plenamente satisfecho.

Como parte de las secuelas de un terremoto, el antiguo mercado de Concepción resultó destruido y el de las ruinas actuales, producto de un concurso público para levantar un nuevo mercado, en una de las manzanas más importantes de la ciudad: la que definen las calles Maipú, Caupolicán, Freire y Rengo. El del proyecto ganador, de los arquitectos Müller y Weiner, consistía en la bóveda principal- cuyos arcos sobreviven- inspirada en los hangares de aviación y dos alas laterales, ocupadas ahora por locales variopintos.

La tragedia del mercado temuquense, la urgencia de recobrar esas fuentes de trabajo, la necesidad de la ciudad de recuperar una edificación patrimonial, deben estar de la mano con una acción conjunta y perseverante de todos los actores sociales. Pasadas las urgencias, las declaraciones emocionales del momento, tras una pausa, suele instalarse un lento e inoperante trámite con plazo por definir.


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