Cuando no había tiempo para ser joven

Fecha Publicación: 26/4/2016

Al cumplir 16 años, Cayo Julio César fue protagonista de una ceremonia que revestía en la sociedad romana una especial solemnidad: la del acceso a la edad adulta. En ella. el joven se desprendía de la bulla o colgante hueco para contener amuletos que llevaba colgado al cuello desde su nacimiento, abandonaba la vestimenta infantil –la túnica corta y la llamada "toga pretexta", caracterizada por una banda de color púrpura– y se le investía la túnica de los adultos, la túnica recta, y la "toga viril", totalmente blanca.

Luego, al frente de una gran procesión formada por los esclavos, libertos y clientes del padre, así como por sus amigos y parientes, salía desde su domicilio hasta el foro, donde era inscrito en la lista de ciudadanos para después celebrar un banquete. El caso de César, sin embargo, fue distinto en un punto: su padre había fallecido ese mismo año, de modo inopinado, una mañana mientras se calzaba las botas, quizá de un ataque al corazón. Ello convirtió al adolescente Cayo en cabeza de familia, en paterfamilias de uno de los linajes más antiguos y prestigiosos de Roma, aunque algo venido a menos, por no decir al borde de la ruina: los Julios.

A muy poco andar tuvo que luchar por sobrevivir, frente a facciones políticas que no se caracterizaban por su gentileza, prepararse físicamente para estar en condiciones de tomar las armas y salir a las Galias en busca de recursos financieros y poder, que es casi lo mismo. 

Todo eso en una edad cuando ahora estamos ocupados estudiando una primera carrera, a años luz de ser autosuficientes, si todo lo pasado fue mejor, en este caso está por discutirse.
 


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF