Pérdida del estado de gracia parlamentario

Fecha Publicación: 26/4/2016


Los parlamentarios chilenos hace mucho tiempo que han perdido el estado de gracia, la deseable condición de aquellos que, redimidos, están libres de la carga del pecado y la culpa. Lo preocupante es que de igual modo parecen haber perdido el interés por recuperarlo, algo debe haber, de enorme conveniencia, como para considerar que a esta condición se le pueda prestar una atención distraída, que estar en estado de gracia sea del todo irrelevante.

Sin embargo, algo de conciencia debe haber, al menos para querer dar la impresión que no se ha perdido del todo la visión del correcto actuar, o a lo menos el temor a las consecuencias de las malas prácticas, que a lo mejor no tendrían nada de malas si hubieran seguido, como muchas están, alejadas de la mirada de los ciudadanos y, por lo tanto, convenientemente inadvertidas.

Hace algunos meses los jefes de las bancadas recibieron una propuesta, un "Estatuto parlamentario" que se había trabajado en estricta reserva por la mesa de la Corporación, que preside el diputado Marco Antonio Núñez. No es sorprendente que se haya manifestado malestar en algunos de los congresales, se suma a la propuesta del vicepresidente de la Cámara, Patricio Vallespín, en el sentido de fusionar los tres cuerpos normativos que actualmente rigen sobre los diputados: la Constitución; la Ley Orgánica del Congreso, y el Reglamento propio de la institución. A ello se agregan los dictámenes del Consejo de Asignaciones y la Comisión de Ética.

La iniciativa puede ser una reacción ante los resultados de la encuesta Adimark, de principios de marzo, que mostraba a la Cámara de Diputados con un 82% de desaprobación y un 11% de aprobación, por lo que resultaba indispensable establecer medidas drásticas de probidad y término de beneficios en una sola normativa que regule la función parlamentaria. 

La polémica se enciende al agregar disposiciones que ponen término a algunas prácticas de las que actualmente gozan los diputados. Una de las propuestas nuevas del eventual estatuto es que propone fijar 15 días hábiles de vacaciones para cada diputado durante febrero, al que se agregarán días de manera progresiva de acuerdo a los años en los que ha cumplido labores parlamentarias, "el descanso con goce de remuneraciones al que todo trabajador con más de un año de servicio tiene derecho". 

Posiblemente, en forma soterrada, se ha criticado la propuesta que restringe la compra de pasajes en clase Business y que, además, hace obligatoria la adquisición del billete en la línea aérea más económica disponible, y no permitir la permanencia en el lugar de viaje más allá del tiempo oficial. En otra vuelta de tuerca, una situación irritante que no se había conocido a cabalidad, la prohibición de acumular millas por viajes realizados en su calidad de parlamentarios, ya sea en Chile o el extranjero, del mismo modo se pone término al uso de pasaporte diplomático para esposas e hijos de parlamentarios, una práctica privilegiada que facilita la entrada y salida del país.

El acuerdo de cesar las funciones en los últimos tres días de la semana, con motivo del fallecimiento del ex Presidente Aylwin, se vuelve a prestar para las más variadas expresiones de molestia de la ciudadanía a través de las redes sociales.

Positivo sería un esfuerzo adicional, una revisión en conjunto para que nuestros congresistas tomen conciencia de lo que el país espera de hecho: ser un ejemplo de comportamiento intachable, de responsabilidad, de compromiso, de altura de miras, de respecto, de educación y decencia; de trabajo serio y análisis profundo.

La distancia para alcanzar este ideal podrá ser mucha, pero ello no es excusa para que nuestros representantes luchen para alcanzarla, ni para que la ciudadanía se abstenga de exigírselas.


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