Al rescate y recuperación de los árboles

Fecha Publicación: 25/4/2016

Es más difícil que en otras ciudades hacer sentir a los penquistas los peligros de perder uno de sus patrimonios más valorados por los visitantes, su cuota de verdor. Acostumbrados a ver árboles por todos lados, considerando el cordón de cerros con vegetación variada, como un atributo natural y permanente, se percibe como remota la posibilidad de que esa situación cambie en plazos cortos o en proporciones preocupantes, en consecuencia directa, lo que no se valora, no se cuida.

Es necesario poner este asunto en contexto, Chile ha venido destruyendo su bosque nativo por siglos, para habilitar tierras agrícolas, ciudades, hasta un punto tal que la conciencia ciudadana ha despertado, con el auxilio de organizaciones motivadas por la protección de la naturaleza, o los numerosos organismos involucrados en la protección del ambiente. La bienvenida consecuencia ha sido la mayor conciencia de las personas, ante experiencias de duro impacto, como ejemplo lo ocurrido en la región de Los Lagos que perdió 32.699 hectáreas de bosque nativo por incendios y plantaciones, entre otras razones, o nuestra región, que en veinticinco años ha hecho lo propio en el equivalente a un 35% de la superficie con árboles autóctonos.

Es más fácil ahora seguir de cerca el destino de los bosques, ya que con imágenes de satélite de alta resolución y modernas tecnologías es perfectamente posible monitorear la situación en cualquier parte del territorio nacional, una muy sentida posibilidad ante emprendimientos de alta rentabilidad y larguísimas y negativas consecuencias.

Un estudio sobre "Infraestructura ecológica y áreas prioritarias para la conservación de la biodiversidad en la Región del Bío Bío", realizado por un equipo de científicos de la Universidad de Concepción, pone en evidencia la transformación del paisaje local por deforestación, con pérdidas potenciales de naturaleza más allá de lo paisajístico, por relevante que sea ese factor, concluyendo en la necesidad de restaurar un número de áreas para proveer servicios ecosistémicos.

En el ámbito urbano, las iniciativas relativas a esta situación han tenido, en diferentes partes del mundo, parecida connotación, últimamente, un grupo de académicos, arquitectos, ingenieros, representantes de empresas y ambientalistas avalaron el Plan Maestro Municipal de Infraestructura Verde que impulsa el Ayuntamiento de Mérida, en México, con la intención de impulsar un proyecto para reforestar la ciudad de manera más eficiente y ordenada, en pro de la sustentabilidad que mejore la calidad de vida de las personas. 

La argumentación del proyecto en cuestión, que bien podría ser de parecida redacción local, es que la sociedad debe tener conciencia del valor de los árboles en la ciudad donde viven y de esa manera apoyar su cuidado, empezando por no cortarlos. Específicamente se alude a arquitectos, ingenieros y constructores que quitan los árboles a la hora de construir sitios urbanizados, comercios, estacionamientos, obsequiando a la ciudad con un lastimoso océano de asfalto. 

Hay algo más que cuidar los árboles para las postales promocionales, su tarea en el ambiente es crítica, especialmente en lo relativo a la regulación del agua y su influencia sobre el clima y la importante acción absorbente de dióxido de carbono de la atmósfera. El árbol es soporte de un gran número de especies y protege de vientos y ruidos, un excelente productor de paz.

En el terreno de la práctica, debería ser un delito punible cortar árboles en la ciudad, sin una muy bien justificada causa.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF