Responsabilidad de los especialistas

Fecha Publicación: 21/4/2016

En su libro "Sinhué, el egipcio", de Mika Waltari, que con ese nombre no le quedaba otra que haber nacido en Finlandia, el héroe decide entrar, gracias a los buenos oficios de un conocido influyente de su papá, a la casa de la vida, o sea lo más próximo a la facultad de medicina de Egipto, en la época de transición entre Amenofis III el futuro Akhenatón.

En la casa de la vida los sacerdotes enseñaban el arte de curar, o de matar lo más confortablemente posible, si se presentaba la necesidad. Los médicos egresados podían optar a un gran número de especialidades, había una especialidad para prácticamente cualquier parte del cuerpo, sus funciones o sus productos, sobre todo de la clase dominante. 

Había médicos para los ojos, para las eliminaciones de los reales líquidos o el funcionamiento de las no menos reales vísceras, había también especialistas en dentadura, cuya tarea principal era sacar muelas torturadoras con menor grado de tortura posible. Eso para los buenos estudiantes.

En contrario, había la casa de la muerte, en la cual trabajaban, encerrados casi de por vida, seres con competencias en embalsamar, eran lo último de desprestigiados, a los expertos en esta técnica no se les dejaba mezclar con el mundo de los vivos.

En común con los tiempos actuales, los médicos recibían abundantes muestras de respeto, si tenían pacientes encumbrados, así de elevados eran los honorarios, pero a diferencia del día de hoy, si los resultados eran insatisfactorios, su fortuna, vida y ramos anexos podían sufrir cambios terminales. Como para terminar en la casa de los muertos, por mal desempeño en la casa de la vida.



PROCOPIO


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