Alarmantes índices en el desempeño de los estudiantes

Fecha Publicación: 21/4/2016

Mientras el proyecto de reforma de la educación sufre los embates de prácticamente todo el mundo, incluidos no pocos de la coalición gobernante, la realidad de la situación actual de la educación en Chile, que suele ser mencionada solo ocasionalmente, es puesta una vez más de relieve en la decimotercera edición del Informe de Investigación "Más igualdad para los niños", de Unicef, presentado hace pocos días en París, calificándola como alarmante, al comparar las desigualdades en ingreso, educación, salud y satisfacción con la vida de los niños en los 41 países de la Ocde y de la Unión Europea.

El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la Ocde verifica si los alumnos de 15 años cuentan con conocimientos y habilidades que le permitan un desempeño competitivo, a este respecto el documento indica que los estudiantes chilenos cuentan con un bajo nivel de competencia: casi una cuarta parte de los alumnos de 15 años carecen de las aptitudes y competencias necesarias para resolver ejercicios básicos de lectura, matemáticas y ciencias.

Juan Pablo Valenzuela, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la U. de Chile, observa que en Chile hay un alto porcentaje de niños que están en el nivel más bajo, un 24,6%, casi igual que Rumania. Al compararlo con Polonia, que tiene ingresos similares y registra sólo un 5,7% de niños evaluados en esa categoría, Chile exhibe cinco veces peor desempeño.

Se ha puesto a prueba la idea recurrente que es sólo el sector público tiene malos resultados, ya que el informe muestra que Chile educa mal a sus jóvenes, que el nivel deficiente es generalizado, unos están menos mal que otros, lo que podría resultar tranquilizador, hasta que todos los resultados son confrontados con aquellos propios de una competencia a nivel internacional.

El mundo político está enfocado en la realidad de la educación superior, con rectores de las diferentes instituciones en plena discusión sobre las características de una reforma que parece lejos de estar terminada, con escaso espacio para considerar cómo los objetivos de su proyecto educativo se ven amenazados ante la llegada de estudiantes con limitaciones severas en sus competencias de aprendizaje y en sus bases formativas.

Desapasionadamente, hay algo que no hace sentido: se espera mejorar la educación, se espera que la gratuidad la haga más accesible a todos, pero se descuida la condición de los postulantes, la formación que reciben y que les capacita para proseguir estudios en niveles de bastante complejidad, con un razonable pronóstico de éxito. Es este un problema relevante, ya que no es posible esperar resultados adecuados con esas dificultades de base, de tal magnitud que es utópico corregirlas con cursos remediales o de sencilla nivelación, los altos índices de repitencia y fracaso en la educación superior pueden amenazar el retorno de la enorme inversión del Estado con este objeto. 

Además de concluir lo que es de público conocimiento; la evidencia de una reforma que no ha completado su formulación, es también evidente que hay otro componente descuidado e inexplicablemente postergado, las falencias en la educación media, la plataforma sobre la cual debe reposar la educación superior, que si la primera es deficitaria, esta última tiene un horizonte de predecibles dificultades, con el agravante que tendrá que hacerse responsable de una situación que se encuentra lejos de su competencia, pagar la cuenta de los platos rotos.


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