El intento de mejorar la imagen

Fecha Publicación: 20/4/2016

No es siempre necesario emprender expediciones con algún periodista suicida del National Geografic para ver cosas exóticas, como la imagen en esa revista mostrando un orgulloso joven cazador con la nariz perforada por un colmillo de jabalí, un jabalí de pequeño formato, porque no tenía tanta nariz como para un colmillo XL.

Para los que vivimos en el Chile en blanco y negro de mediados del siglo pasado, era difícil tener imágenes tridimensionales y de alta definición de realidades lejanas, aunque no era complejo imaginar con lujo de detalles las peripecias de los protagonistas de la novela "Los cazadores de orquídeas", que como decía su título, andaban en piragua por afluentes retorcidos e ignotos de un Amazonas interminable, con el noble propósito de encontrar esas flores que parecían, a veces, más fauna que flora. El valor comercial debe haber sido muy importante, porque el perfil de los aventureros distaba de ser el de ancianas filántropas.

Participantes ocasionales de las experiencias exploratorias eran indios, de tribus locales, en pequeños números, pero siempre con necesidad de identificación, los conocedores sabían de quienes se trataba, por los tatuajes, dientes tallados, peinados creativos, orejas con aditamentos varios- lo que hablaba muy bien del departamento de estética de la tribu en cuestión- y el prolijo respeto a la reglamentación vigente.

Algo de identificación y autoestima les debe hacer falta a figuras del deporte y la farándula y algunos de sus seguidores, para verse impelidos a utilizar parecidos recursos con el fin de hacerse notar, ignorando que en realidad no les pone, sino más bien les quita.



PROCOPIO
 


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