Los escasos aportes al desarrollo de la ciencia y la investigación

Fecha Publicación: 30/8/2015

Como suele ocurrir, la protesta más bien tímida de la clase media altamente educada, se emite con muy limitada frecuencia, con la actitud recatada y respetuosa debida a su falta de entrenamiento en el arte de vociferar. Apenas se le oye, y si eso llegara a ocurrir, los incidentes son considerados menores y prontamente olvidados. 

Hace poco meses, un grupo de científicos protestó por las malas condiciones de su trabajo en laboratorios. Describieron su perfil; son unos 1.500, no tienen contrato y, por lo mismo, ni previsión, ni isapre. La mitad difícilmente tiene una remuneración superior a 500 mil pesos, pese a que muchos tienen grado de doctor.

Algunos de los jefes de grandes proyectos de investigación han sido lo suficientemente sinceros para confesar "son vitales, no hay otra manera de describirlos. Son los que están haciendo el trabajo de laboratorio, están ahí siempre. Un proyecto no funciona sin ellos, sería irrealizable". Efectivamente, la mayoría se especializa en el trabajo de laboratorio, titulados de carreras como bioquímica, biología, biotecnología, química farmacéutica, pueden tener un Magister o Doctorado, pero les emplean por plazos fijos, sin contrato formal y con bajos honorarios. No han vuelto a ser mencionados.

Esa es otra de las caras del insuficiente énfasis en investigación, desarrollo e innovación que caracteriza el momento actual de la ciencia en Chile. Un retrato de la persistente reducida inversión del país en materia de investigación, científica y tecnológica. Según las últimas estadísticas de la Ocde, Chile está en el último lugar con respecto a esta materia, con un paupérrimo 0.39% de su Producto Interno Bruto (PIB) para estos propósitos, tras México y Argentina. Como referencia, el primer lugar lo tiene Corea del Sur, con 4.6% del PIB y, segundo, tercero y cuarto, con porcentajes entre 3.4 y 3.9 del PIB, están Israel, Finlandia y Suecia, respectivamente. El pobre financiamiento chileno a la investigación es distribuido además con la clásica asimetría centralista, ya que el 56.2% corresponde a la Región Metropolitana, Valparaíso 11.2 y Bío Bío, 6.3%.

El año 2008, se creó el Fondo Bicentenario de Capital Humano: un ambicioso programa de becas a cargo de Conicyt. Lamentablemente, la planificación se hizo sin la participación de las universidades y con escasa participación de los científicos. Como producto: un conjunto de resultados negativos que terminaron con renuncia de autoridades de Conicyt. Jorge Babul, de la Comisión Ciencia para el Desarrollo de Chile, entrevistado al respecto, dijo a inicios de este año "los jóvenes porfían por hacer ciencia y Chile hace todo para alejarlos de ella".

El insuficiente aporte en investigación insiste en las evanescentes ventajas para exportar recursos naturales, más no para poder incorporar mayor inteligencia y valor agregado a la producción exportadora, la cual, para competir con alguna perspectiva de éxito, exige niveles de excelencia cada vez más altos. Con eso, se dificulta el postergado salto al desarrollo, el sueño de alcanzar al primer mundo en un par de generaciones. Argumento suficiente para que los científicos vuelvan a levantar la voz, ya que no es posible dejar de prestar atención a esta falencia, oculta por el momento con las demandas de la gratuidad en la educación superior, justamente el sitio desde donde se genera el potencial científico y tecnológico del país.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF