Leyes que alejen el dinero de la política

Fecha Publicación: 16/4/2016

Es muy posible que algunas iniciativas, por bien intencionadas que estén, no logren producir en la ciudadanía cambios de opinión. Aunque se trate de leyes anunciadas con toda la solemnidad del caso, con la escenografía correspondiente a las normativas que deben ser trascendentales. Un fenómeno que podría explicarse cuando se ha conocido de procesos semejantes, cargados de simbolismos y promesas de cambio, y que a poco andar prueban ser solo párrafos con buenas letras, que no se compadecen con los hechos.

Es de esperar, la ciudadanía probablemente con algún escepticismo, que esta vez sí se pueda observar cambios de rumbo, aunque sean presionados por leyes, ya que no pudieron lograrse por otros medios.

Hace pocos días, la Presidenta Bachelet promulgó la normativa que busca evitar las malas prácticas y la regulación del financiamiento de campañas electorales. La situación más repetida de los últimos meses, con un verdadero desfile de situaciones a cual más inquietante demostrando la peligrosa asociación entre el dinero y la política. Una iniciativa que resulta clave en la agenda de probidad: la Ley para el Fortalecimiento y Transparencia de la Democracia y la que Fortalece el Carácter Público y Democrático de los Partidos Políticos y Facilita su Modernización.

Las frases introductorias de la Presidenta no pueden ser más explícitas: "estamos fijando nuevas reglas para nuestra democracia; estamos haciendo lo necesario para que la democracia sea un espacio de juego limpio, no queremos para Chile una política que se hace a espaldas de la gente o que pueda verse contaminada con el dinero".

No hay cuestión alguna sobre ese postulado. Los resguardos aparecen por el contraste ente los nobles principios y el mal actuar, el compromiso de actores en el frente de la alta política en asuntos de irritante turbidez, con el agravante que aparecen nuevos personajes al examinar más de cerca, con la obvia pérdida de confianza de la ciudadanía en su conjunto, punto sobre el cual la Presidenta precisa: "recuperar la confianza será un proceso complejo y de largo aliento, pero lo enfrentamos con la mayor decisión… consagrando sanciones administrativas y penales como nunca antes había habido".

Tendrá que haber un tiempo en el cual cesen las malas noticias, la esperanza, no importa cuán ilusa, que efectivamente no quede nada sombrío por descubrir. Si bien es cierto hay costos inevitables en los procesos electorales, hay en estos a lo menos dos consideraciones; primero, su financiamiento no debe confundirse, ni de lejos, con la compra de una influencia potencial en el futuro y la segunda, que debe tener moderación y austeridad republicana, es decir, gastos esperables, ni ostentosos ni abusivos, de acuerdo a la sobriedad propia de un proceso democrático, con respeto a la ciudadanía, respeto que incluye la renuncia a manipularla.

Los candidatos tendrán que estar donde debieron estar siempre, de cara a sus eventuales electores, no a través de mensajes multicolores, sino con mensajes auténticos, factibles, realistas y sinceros y que de igual manera puedan responder a sus compromisos. Habrá una oportunidad próxima y excelente para observar el funcionamiento, las campañas para las elecciones municipales, una prueba objetiva que la ley en cuestión tiene efecto y no es otra de tantas declaraciones de florida e inútil retórica.


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