El alto costo de no innovar

Fecha Publicación: 16/4/2016

Es curioso observar el comportamiento del mejor general de Cartago, es un personaje demasiado interesante para pasarlo por el lado, su nombre fue usado en la Roma republicana para asustar a los niños y hacer que se comieran las lentejas o lograr que se acostaran a sus horas. ¡Aníbal ad portas! Era la frase aterradora y estos niños, que ya desde pequeñitos hablaban latín, obedecían sin chistar, ante la clara amenaza del mismísimo Aníbal en las puertas de la ciudad. 

Aníbal siempre combatió con sus nunca bien ponderados elefantes, para continuar una desafortunada tradición estratégica familiar que consistía en combatir con un montón de elefantes en la vanguardia, con el astuto propósito de aplastar a los enemigos. 

Después de derrotar a los romanos, dejando decenas de miles de muertos, en vez de atacar Roma, aparentemente indefensa, decide seguir a la cercana Capua. A pesar que en el curso de la batallas muchas veces los elefantes se espantaban y mataban un número considerable de sus propios soldados, Aníbal sigue enviando cartas, solicitudes, órdenes de compra o lo que fuera necesario, para reponer a sus elefantes perdidos.

La moraleja de este episodio es que no pocas veces nos quedamos haciendo lo mismo, sin detenernos a pensar si lo estamos haciendo bien o echándole la culpa al destino, a la envidia de los demás, a la mala voluntad de un tercero, el fracaso de nuestros proyectos. 

Es que no es fácil innovar, cambiar nuestro modo de hacer las cosas, modos con los cuales nos sentimos confiados y seguros, sin apreciar que al no dejar nuestro nido de seguridad nos vamos quedando a la retaguardia o casi igual de mal, no vamos para ningún lado.


PROCOPIO


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