Al rescate del patrimonio lacustre del Gran Concepción

Fecha Publicación: 15/4/2016

La provincia de Concepción tiene una historia apasionante, pero son pocos los que le prestan atención, salvo cuando esos episodios contienen lecciones saludables para el presente y el porvenir. Aunque sea de modo más bien oblicuo, como puede ser el recuerdo de la batalla de cerro Gavilán, ahora Cerro Amarillo, lugar donde se enfrentaron españoles y fuerzas chilenas en 1817, con la derrota de los primeros. El punto es que cerca de allí había una laguna del mismo nombre que el cerro, así como había otra ubicada en calle Cruz, entre Caupolicán y Rengo, la Laguna de los Negros, en recuerdo de negros ajusticiados y arrojados allí, por amotinados hace más de doscientos años.

Ambas algunas han desaparecido físicamente y con ello también de la memoria colectiva, recordando el hecho que las lagunas pueden desaparecer y con ello perderse un patrimonio ambiental de inconmensurable importancia para la ciudad y la región. Actualmente, en la ciudad existen 7 lagunas urbanas, de las cuales dos se encuentran ubicadas en San Pedro -la Laguna Grande y la Laguna Chica- y cinco en el territorio ocupado por la ciudad de Concepción; Laguna Redonda, Tres Pascualas, Lo Galindo, Lo Méndez y Lo Custodio, las que conforman un sistema que integra en parte la cuenca hidrográfica del río Bío Bío.

Se podría pensar que esas lagunas tienen importancia paisajística y ecológica, que representan un atractivo para la urbanización, el turismo, o la práctica de deportes, olvidando que se trata de agua, sin importancia aparente cuando abunda, pero representando toda la diferencia cuando hay poco o nada. Así como ocurrió después del terremoto cuando el sector del Gran Concepción quedó sin suministro de servicios básicos y quedó en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas de distribución de agua potable de la ciudad, los vecinos obtuvieron agua de lagunas urbanas transformadas en un sistema de abastecimiento de agua improvisado utilizado para el baño, limpieza e inclusive la preparación de alimentos.

Las lagunas adquieren así aún otro argumento para su preservación y cuidado, aunque sería suficiente con los ya señalados. Ante circunstancias de una emergencia natural, industrial u otra índole, es preciso evaluar la factibilidad técnica de utilizar las lagunas de Concepción como posibles fuentes no convencionales para el abastecimiento de agua potable.

La tarea de los municipios de la intercomunua tiene que ir en sentido contrario al deterioro principalmente por emisiones de aguas servidas y otros contaminantes y el general descuido, así como velar por la preservación de sus humedales de un desmesurado desarrollo inmobiliario y de infraestructura vial que afecten sus ecosistemas. 

Habrá que estar al cuidado del entorno, la preservación de humedales es vital para la biodiversidad, para la recreación y el deporte. Se requiere el continuado concurso de las universidades, como han venido haciendo, el compromiso de la población para cuidar lo que le es propio.

Lentamente, enfatizado por la visión de futuro de una universidad regional, empieza a ser evidente el valor urbano de nuestras lagunas a las cuales Concepción les ha dado la espalda, descuidándolas, cuando cada una de ellas podría tener un innegable atractivo para desarrollos inmobiliarios de primer orden, para envidiables áreas verdes, con solo protegerlas para las generaciones que vienen, para no contar leyendas de espejos de agua desaparecidos por indiferencia y miopía.


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