Necesarios resguardos ante un duro escenario económico global

Fecha Publicación: 14/4/2016

Sería bastante irresponsable ignorar señales de alarma, sobre todo cuando estas son tenues y se tiene la experiencia que rara vez las amenazas en el mundo de lo económico suelen disiparse como tempestades de verano. 

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hizo una advertencia hace un par de días sobre los parcos niveles de crecimiento que se esperan para el conjunto de América Latina. Efectivamente, según esa institución, los países de la región, en su conjunto, crecerán a un ritmo medio anual del 1,7%, lo que representa un deterioro superior en un cincuenta por ciento a las cifras de 4% registradas en la década 2003- 2013. Para dejar la situación aún más explícita, se añade que ésta se prolongará por los próximos cuatro años.

Las explicaciones, de un modo u otro, están en la mente de la ciudadanía, obviamente preocupada por los diferentes signos que llaman a la preocupación, ya que se aprecia en el práctico terreno de lo doméstico, como estas circunstancias no se demoran en tocar la realidad cotidiana, los recortes de presupuestos del Estado, es decir, cosas que dejan de hacerse y sus obvias connotaciones, disminución de cobertura en la gratuidad de estudios superiores, entre otras consecuencias.

Si bien es cierto se trata además de una situación internacional, no todas las economías sufren igual impacto y diversos son los recursos para hacerles frente. En general, el BID prevé una contracción del 0,3%, en el curso del presente año afectada por la caída de los precios de las materias primas, la desaceleración de la economía de China y el envejecimiento demográfico.

En la vecindad territorial hay para Latinoamérica un efecto acentuado por la contracción de Brasil, cuya economía se prevé que registrará un crecimiento negativo del 3,8% este año, desempeño que impactará negativamente a la región, aunque claramente la situación de China es más relevante; según los cálculos del organismo, por cada 1% de reducción en el crecimiento de China, se impacta a América Latina y el Caribe con una reducción del 0,6% en el crecimiento.

Para el vicepresidente del BID, Santiago Levy, "muchos países se ven en la difícil situación de tener que actuar de manera inmediata o exponerse a ajustes aún más complicados en el futuro". La recomendación es de fácil lectura en cualquier nivel cuando los recursos se ven limitados, mejorar la eficiencia del gasto y realizar una adecuación de las políticas fiscales, consejo de suyo elemental y que ya está siendo aplicado en Chile. 

El desafío mayor, además de los consabidos recortes y apreturas de cinturón, es aludido con claridad por José Juan Ruiz, economista jefe del Banco; Latinoamérica "necesita reinventarse" en un momento de débil crecimiento mundial, aumentar su productividad, invertir en infraestructura y adoptar reformas fiscales profundas.

La sociedad chilena tiene perfecta conciencia de que es necesario hacer para aumentar la productividad, empezando por el mejoramiento de las competencias de su recurso humano, el apoyo irrestricto y con visión de futuro de las Pymes, el estímulo a la investigación y la innovación.

Sin embargo, también existe la conciencia de la necesaria responsabilidad en el uso de caudales públicos, de la indispensable rendición de cuentas, del establecimiento riguroso de medidas para asegurar que las empresas del Estado rindan a su máxima eficiencia, que haya una profunda y transversal austeridad.


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