Pautas morales de los dioses griegos

Fecha Publicación: 13/4/2016

El legado griego, además de ser un aporte tremendo al momento de tener que explicar los fenómenos naturales, contiene intentos para resolver los otros, los más misteriosos. En ese ámbito los griegos elaboraron su propio dispositivo de dioses, divididos por lo general en buenos y malos, y siempre dispuestos a castigar a los malandrines y un tanto lentos a la hora de premiar a los de buen comportamiento.

Los dioses griegos, al modelo de Zeus, funcionaban como una camarilla olímpica de seres depravados que hacían la vida imposible a los mortales. Parricidio, asesinatos varios, incesto, robo, traición y pasiones bajas, podían ser enumeradas como sus más relevantes virtudes morales.

En consecuencia, los griegos no amaban a sus dioses, sino que les temían. Construyeron una moral propia de dimensión humana, que les permitiera vivir en comunidad, civilizadamente. Hicieron un mundo a base de sus filosofías, a base de sus saberes, como la palabra da a entender. Sin esperar, mejor todavía, temiendo, estar en el edén, al lado de esos dioses temibles.

Los griegos debieron explicarse su mundo e intentar ganar un lugar en la tierra y dejar un ejemplo estético a los hombres de los siglos venideros, es decir, a nosotros, dos mil quinientos años más tarde. Los dioses pueden ser más o menos tolerantes, los fieles pueden ser más o menos obedientes, pero nadie está libre de elaborar sus propias formas de comportamiento, siempre y cuando tengan que ver con el común acuerdo y el bienestar de todos. 

Hay todavía personas que perseveran en ignorar los derechos de los demás, el efecto que sus acciones tienen sobre los otros, por más que se les recuerde la importancia del bien común. A ellos, un homérico consejo: que se cuiden de desatar la ira de los dioses.
 


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