Sobre misiones, vuelos y austeridad

Fecha Publicación: 12/4/2016

Si se puede tener certeza en este mundo repleto de novedades, es que no hace falta esperar mucho para enterarse de otro procedimiento cuestionable de los honorables parlamentarios chilenos, todos en plena campaña, de labios hacia afuera, para recomponer las confianzas y dar claras muestras del recto proceder, en medio de una densa nube de escepticismo de la ciudadanía hastiada de verlos, sino todos, a los suficientes, enmarañados en renovados asuntos turbios, o al margen de la decencia, que si no plenamente delictivos, son del todo reprochables, a menos que tengan flexibilidades de conciencia especialmente diseñadas para el desempeño de sus altos cargos.

El muy debatido y externalizado asunto de los viajes de un diputado no es para nada el único que da cuenta de eventuales irregularidades y abusos en el beneficio de viajar con pasajes aéreos financiados por el Congreso, ha sido una ocurrencia reiterada la alusión a viajes numerosos, de usos no siempre cristalinos, o por personas diferentes a las que se suponen viajan, haciendo uso de este beneficio. Por lo mismo, no tiene nada de inédito que parlamentarios de los diversos sectores hayan tenido que dar explicaciones, por lo general no demasiado convincentes, dejando la impresión que en este asunto hay un área rara, o por lo menos, con un imperfecto reglamento.

A finales del año 2013, un medio capitalino hizo una publicación relatando frecuentes viajes que algunos diputados habían realizado a las circunscripciones donde estaban realizando campaña senatorial, utilizando los pasajes aéreos que les había entregado el Congreso para viajar a las regiones donde aspiraban a conseguir un escaño.

Situación similar, que motivó en su momento encendidas críticas, fue la de otro diputado que realizó números viajes a una región muy diferente al distrito que representaba. Se detecta igualmente viajes de parientes, de secretarias, de un chofer; al año siguiente, una investigación periodística sobre el particular, analizó más de 5 mil vuelos realizados por parlamentarios durante ese año, con algunos de ellos sobrepasando su cuota anual de compra de pasajes, aunque las explicaciones se basaron en que habían cancelado con sus respectivas dietas los saldos excedidos. 

En otra oportunidad perdida para dar señales de austeridad o buen proceder, continuaron acumulando kilómetros o millas en las aerolíneas, que después podían canjear por nuevos pasajes o utilizarlos para fines personales, solo al final de 2015, la Cámara instruyó a LAN prohibir a los diputados acumular millas aéreas con pasajes comprados con recursos públicos.

Viajar, no todas las veces justificadamente, es todavía un asunto por acotar. Hasta aquí parece ser una prerrogativa inherente a los cargos, sin mayor explicación. Esta práctica se encuentra enojosamente extendida, seremis, alcaldes, concejales, autoridades varias, se desplazan a la primera oportunidad, sea realmente necesario o no, que si lo fuera no habría observaciones que hacer.

Cuando es evidente que la aprobación ciudadana es casi marginal, en las vecindades del primer dígito, cuando sin empacho la gente representa su malestar por situaciones de abusiva holgura en tiempos de prudencia, es indispensable depurar las prácticas para proteger una democracia que necesita los mejores líderes, dignos de ser observados, ejemplos de honestidad y seriedad republicana.


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