Negocios con los chinos

Fecha Publicación: 11/4/2016

China ha vuelto en gloria y majestad, con todo el mundo pendiente de sus sorpresivas maniobras, medidas tomadas en secretos confines del supremo poder de la autoridad y llevados a efecto con implacable voluntad, civilizadamente cubiertos de visitas diplomáticas y pactos de buen entendimiento, aunque todos los países saben muy bien que sus márgenes de negociación son más bien exiguos. 

La autoridad unitaria debuta el año 221 A.C., con la mano de hierro de Shi Huangdi, primer emperador soberano, su primer proyecto, con clara vocación geopolítica, fue la construcción de una completa red de carreteras, en segundo lugar, ordenó construir una muralla que conectara y reforzara algunas defensas en la frontera norte. Cientos de miles hombres voluntarios y no tanto, trabajaron en uno de mayores los proyectos de construcción de la historia. En algo así como diez años, la muralla ya tenía una longitud de dos mil quinientos kilómetros, de aproximadamente 6 metros de ancho por 8 metros de altura, que sería por los siguientes dos milenios, en la imaginación de los chinos, el límite entre la civilización y la barbarie. 

El emperador murió a los doce años de haber fundado su imperio, intranquilo por su seguridad, se había mandado a hacer para su tumba un ejército de terracota de ocho mil guerreros en tamaño natural, un metro ochenta de estatura, de algo habrán servido.

Con ese tipo de personas estamos tratando cuando se trata de firmar convenios comerciales y culturales, hay que reconocer que llevan en este negocio algún tiempo y que no es cosa de dárselas de pillines, porque de lidiar con gente que se las da de astutos, tienen una esmerada experiencia.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF