Las lecciones que deja el proyecto de Ñuble Región

Fecha Publicación: 29/8/2015

Después de años de trabajo intenso a relativa poca distancia de una guerra mundial devastadora, con decenas de millones de muertos, Europa logró establecer un enorme vínculo común y constituirse en una comunidad, incluyendo un factor que parecía imposible, la misma moneda, eliminar las fronteras para el comercio y el turismo, actuar solidariamente para alcanzar en todos los estados un nivel parecido, con fondos de todos hacer una nueva y mejor Europa.

Se logra pasar de la comunidad económica europea a un mercado común, con acuerdos de impacto para todos los involucrados, aceptados por la perspectiva de un bien mayo futuro. Por sobre la tradición de universidades centenarias se establecen acuerdos de mutuo reconocimiento académico, lo cual permite el perfeccionamiento de los estudiantes en cualquier país de la comunidad.

En América Latina no pudo realizarse el sueño de Bolívar, muy por el contrario, se eligió la división permanente con cambio de líderes ocasionales y ambiciosos, la más de las veces transitorios, en luchas intestinas interminables. Las naciones que lograron consolidar, no sin dificultades y conflictos sangrientos, territorios más amplios, han tomado las posiciones de privilegio, más unidos y más fuertes, de las provincias argentinas, de los estados brasileños, con el sueño pendiente de los pactos recelosos y acuerdos con precaria base de confianza.

Chile, en contraste, apuesta a la entropía, con la singular teoría de que mientras más divididos, mejor, más oportunidades, mayor riqueza, más equidad, una propuesta que no tiene en realidad precedentes, salvo en la intención de dividirse, que es la tendencia natural, ya que es mucho más fácil el gobierno de partículas que el de grandes y complejas regiones.

En los tiempos de la división de una región del sur, líderes regionales de visión más amplia enfatizaban que la tendencia moderna, eficiente y adecuada para la regionalización de Chile era la apuesta decidida y fuerte por macroregiones, transitar hacia menos regiones y no a más regiones, menos y más fuertes agrupaciones que se transformen en actores fundamentales del futuro del país, por el contrario, las regiones más pequeñas y débiles contribuyen a la atomización del país, y hacen inevitable el fortalecimiento de la centralización, quejarse después de ella no sería razonable. 

La propuesta Región de Ñuble, que se retira de la Región del Bío Bío, con casi medio millón de habitantes en 13.058 km2, empobreciéndola, nace de nuestro fracaso como región- con problemas irresueltos desde los períodos más tempranos- para ofrecer auténtica igualdad de oportunidades a todas las provincias que la componen y a su incapacidad para establecer vínculos equitativos. 

No debe volver a suceder, más que los costos de la multiplicación de los funcionarios, más allá de ahorrar recursos administrativos, se trata de tener menos gobiernos regionales, menos regiones para superar la debilidad profesional de los actuales Gobiernos Regionales que en oportunidades es notable y peligrosa. Se requiere superar lo que ha impulsado la fragmentación, la incapacidad para trabajar en un proyecto común, mutuamente acordado, que signifique la prosperidad de todos, sobre todo de los sectores más rezagados. Es todavía tiempo de pensar en menos regiones, pero más fuertes.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF