Mitos y realidades de los grupos socioeconómicos

Fecha Publicación: 9/4/2016

Los grupos socioeconómicos en Chile han tenido una revisión cada vez más cercana por sus connotaciones relativas al apoyo estatal, a la seguridad social, salud o el acceso a la educación. Por mucho que sea un indicador restringido a la economía, sigue siendo un marco referencial de primera mano a la hora de tomar decisiones de política social.

Intuitivamente, cada chileno puede concluir que hay algún factor de distorsión en esta clasificación, según el dinero que ganan y lo que pueden mostrar materialmente como consecuencia de esa condición. En términos concretos, la C del ABC1, que al estar incluida en ese grupo, suele quedar al margen de cualquier tipo de asistencia social del Estado, justamente por estar en un colectivo que puede costear todas sus actividades y compromisos.

En ese sentido, resulta interesante la propuesta de una nueva clasificación de grupos socioeconómicos en Chile, la cual fue elaborada a petición del Comité Retail Financiero, por la Asociación de Investigadores de Mercado, que en general resulta en un modelo que pone de relieve la existencia de nuevos niveles y elimina otros, con algunos indicadores que justifican el nuevo posicionamiento.

El grupo C, justamente, es desagregado en tres niveles, cuya descripción hace bastante más sentido que dejarlos a todos en un solo escalón; se propone así el nivel C1a, Clase Media Acomodada, C1b, Clase Media Emergente y el grupo C3, Clase Media Baja, que como grupo es el más numeroso del país, con un 29,1% de los chilenos, seguido en número por el grupo D, Vulnerable y E, Pobre, que representan el 24.2%. 

El informe indica igualmente que ha crecido el Grupo AB, la Clase Alta, con un 2.9%, que si bien es cierto da cuenta de los muy pocos chilenos que se ubican a esas alturas, a lo menos resulta más sincero, dejando a la vapuleada clase media indistinta en diferentes condiciones para resolver los desafíos cotidianos.

La segmentación socioeconómica se hace a partir del ingreso per cápita equivalente de los hogares registrados en la Casen 2013; $66.725, de esa manera, la Clase Alta (AB), tiene un ingreso mensual promedio por hogar de $4.386.000, considerando además características de la habitación y conectividad. El ingreso mensual promedio por hogar es de $2.070.000, en el caso de la Clase media acomodada (C1a), con datos de ese orden para los otros grupos.

Se puede hacer una comparación, grupo por grupo, de los haberes, los indicadores de su nivel de riqueza o de pobreza, pero hilando un poco más fino, hay situaciones, sin embargo, profundamente distintas en grupos de parecidas características, según este estudio, ya que hay otras muchas variables que determinan la disponibilidad de recursos, el tamaño de las familias, las condiciones de dominio de la residencia, cuan cerca o lejos están de sus lugares de trabajo o estudio, la edad de los hijos.

Cuando ese ejercicio se realiza, de hecho lo hacen las familias casi mensualmente, los números no cuadran, una familia descrita como acomodada según esta clasificación puede estar inquietantemente cercana a la vulnerabilidad, con un ligero cambio en sentido negativo.

Es fácil concluir que este referente, por bien inspirado que esté, es inútil a la hora de evaluar la condición socioeconómica de un grupo familiar, hay otros parámetros, si se quiere realmente ser ecuánime al momento de ir en ayuda ante situaciones familiares complejas.


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