Las dificultades que plantea la convivencia urbana

Fecha Publicación: 6/4/2016

Resulta evidente que estos comportamientos han traspasado el nivel de los estudios académicos, de la investigación de los expertos en el área; la violencia, como forma de relación, es un problema actual, concreto y frecuente, de consecuencias graves, no solo en ámbitos limitados y reconocibles, sino transversalmente y con diferentes formas no siempre visibles.

En el terreno de los ensayos sociológicos, se ha declarado que el siglo XXI tendrá como gran problema enfrentar la violencia, sabemos que pertenecemos a una especie asesina, un mono que se ha ganado su lugar en el planeta no precisamente por su capacidad de negociación pacífica. En épocas pasadas el término violencia se entendía como actos tangibles de agresión y destrucción, encaminados a deteriorar, en la medida de lo posible, de modo irrecuperable a los oponentes, por razones de supervivencia o supremacía.

En la actualidad, se comprende que la violencia incluye esos actos, pero es ahora más compleja, ya que se añade el abuso en otras formas, la manera como se relacionan los miembros de la familia y el modo usual de trato con los más cercanos, vecinos o conocidos, se permeabiliza en el resto de las situaciones sociales, dando las muestras de los usos imperantes, la intolerancia, la prepotencia, la agresividad, por ejemplo, en el lado oscuro, especialmente cuando la situación social tiene desventajas.

Por tanto, resulta muy coherente el resultado del Primer Estudio de la Universidad Andrés Bello, sobre la Convivencia en la Ciudad, que realizó la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, de la Unab, con Adimark. La investigación tuvo como objetivo caracterizar, a partir de los ciudadanos consultados, la percepción que ellos tenían de la calidad de la convivencia urbana en espacios públicos abiertos, la calle misma y espacios cerrados, como los centros comerciales, además de los medios de transporte.

La encuesta se realizó en el segundo semestre de 2015, mediante entrevistas directas a una muestra representativa de hombres y mujeres, entre 18 y 85 años, de grupos socioeconómicos C1, C2, C3 y D, residentes tanto en Santiago como en el Gran Concepción. La conclusión es lamentablemente elocuente; las ciudades chilenas son espacios de habitabilidad distinta para jóvenes y viejos, para hombres y mujeres y, principalmente, para ricos y pobres.

No es una novedad descubrir la existencia de segregación, ha sido aludida y examinada en varias otras circunstancias, como una realidad concreta de las grandes urbes, según los términos en este estudio, la segregación que caracteriza a Santiago y Concepción es la expresión física de la desigual distribución de recursos que existe en Chile y que impacta en la calidad de la convivencia urbana.

El estudio revela la intolerancia ante la diversidad y el desinterés en conocer a inmigrantes, homosexuales o personas de otro grupo socio-económico y la preferencia por las multas o sanciones para mejorar la convivencia, junto a la percepción de que conductores y ciclistas son agresivos, que el "otro" es el que ensucia, no saluda ni da el asiento a quienes lo necesitan, que se lleva cosas sin pagar, ocupa estacionamientos reservados y no respeta el espacio de los demás. Puede ser doloroso, pero da una idea clara de lo que está haciendo falta en la educación de los hijos de Chile y las brechas a cerrar en una sociedad desigual. 
 


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