Las razones para clasificar

Fecha Publicación: 5/4/2016

Suele confundirse el ejercicio de clasificar, con aquel de comprender cómo se encuentran organizados los hechos. Una muy falsa seguridad, ya que depende, como es lógico, de la calidad de la clasificación, qué factores se tuvieron en cuenta para elaborarla.

Borges, un lector incansable hasta quedarse sin luz, en el ánimo de poner algo de orden en tanta cosa suelta, hizo muchos intentos de poner las cosas en su sitio, organizadamente, comentó alguna vez: "Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca" y en ese contexto fue autor de matemáticas imaginarias, invenciones geométricas y recuerdos inventados.

Para burlarse de otros clasificadores, cita una- por supuesto falsa, -enciclopedia china que clasifica los animales en los siguientes grupos: "pertenecientes al emperador, embalsamados, amaestrados, lechones, sirenas, fabulosos, que se agitan como locos, innumerables, dibujados con un finísimo pincel de pelo de camello, que acaban de romper un jarrón y los que de lejos parecen moscas".

Lo que queda claro es que cualquier intento de poner orden, sin tener los criterios claros, puede llegar a confundir como de la misma clase, asuntos básicamente distintos. En las actuales discusiones, sobre reformas, transparencias, procesos constituyentes y una interminable lista de iniciativas con diversos grados de desarrollo, se puede tener la ilusión clasificatoria, proyectos para el avance de la democracia, por ejemplo, cuando sin dejar de estar entrelazados, son de universos diferentes y merecen un cuidadoso análisis, parte por parte, con el tiempo que haga falta, antes de resolver cuál está primero y cuál a la cola.
 


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