Consideraciones sobre la Ley de Inclusión

Fecha Publicación: 3/4/2016

Tiene que llegar a ser algo más que uno de esos términos de moda, la inclusión, con sentido profundo sólo para el que resulta, sin ser su culpa, excluido. Tiene que llegar a ser, más que una declaración de buenas maneras, una manifestación auténtica y primaria de reconocimiento a otro ser humano en igualdad de términos en esa humana condición.

Como toda circunstancia que no tiene una espontánea y saludable reacción, por mucho que se trate de modificar conductas mediante la razón y el convencimiento, es necesario que aparezca la ley, como si bastara, una de las presunciones más rotundamente falibles, en cualquier caso, inevitable.

En ese contexto, se dicta esta ley en particular, la número 20.422, que establece normas sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social de Personas con Discapacidad, insistiendo en sus propósitos: asegurar el derecho a la igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad, con el fin de obtener su plena inclusión social, asegurando el disfrute de sus derechos y eliminando cualquier forma de discriminación fundada en la discapacidad, tal y como expresa su primer artículo.

A cualquier persona con discapacidades, o como se ha tratado de describir, a toda persona con capacidades diferentes, para quienes la vida representa un continuo bregar para tomar parte de la sociedad en igualdad de derechos, sino de condiciones, permitir que esta vida sea independiente, como la misma ley lo enuncia, que la persona pueda tomar decisiones, ejercer actos de manera autónoma y participar activamente en la comunidad, en ejercicio del derecho al libre desarrollo de la personalidad.

Como resulta evidente, este derecho debe estar garantizado desde temprano, particularmente cuando la persona empieza a definirse como tal, a tomar conciencia de su lugar en la sociedad, es decir en la infancia, desde la más temprana, cuando debe sentir que es aceptada y acogida como parte de su familia y de su grupo, en el creciente desarrollo de su socialización.

Hay mucho que mejorar en este sentido, es necesario insistir en esta situación, todas las veces que sea necesario, para evitar que se oculte el hecho concreto y repetido de la discriminación en ambiente escolar, sin eufemismos, el rechazo, la mofa y el abuso, se requiere asumir, como se ha establecido, que tales dificultades nacen de la interacción entre los alumnos y sus contextos: las circunstancias sociales y económicas que afectan a sus vidas, la gente, la política educativa, la cultura de los centros, los métodos de enseñanza.

Muchas investigaciones sobre esta situación ofrecen evidencia suficiente como para concluir que cuando el entorno social respeta y acepta la diferencia como parte de su realidad, cuando esta se hace accesible en todos los sentidos y se moviliza para prestar los diferentes apoyos que cada uno precisa, la discapacidad se "diluye" y emerge una persona, que puede tener una autodeterminada óptima calidad de vida.

El entorno físico igualmente debe ser estructurado, contemplando adecuaciones en el espacio público al interior de los límites urbanos, y los accesos a los medios de transporte público de pasajeros y a los bienes nacionales de uso público, entre otros.

No se trata de consideraciones especiales u obras filantrópicas, se trata del derecho igualitario de los chilenos a acceder sin barreras a los bienes y oportunidades de la patria de todos.


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