La libertad para ensuciar la ciudad

Fecha Publicación: 3/4/2016

No fue suficiente la inesperada lluvia de hace pocos días, se pudo esperar que lavara la ciudad, pero como siempre pasa, las ilusiones suelen esfumarse, en este caso tan pronto sale nuevamente el sol es posible apreciar, crudamente, la incesante acción de los expertos en enmugrar lo que pertenece a todos, en un extraño ritual que consiste en pintarrajear todos los rincones posibles. A diferencia de artistas urbanos que pintan muros como una manifestación cultural, estos rayamuros analfabetos, o casi, que insisten en dejar sus manchas, no muestran otra cosa que vandalismo y violencia implícita.

Nos falta avanzar en educación y cultura, estas manifestaciones, visibles en todas las ciudades, sobre todo en los sectores marginales, expresan el grado de marginación de determinados colectivos urbanos, pero aun comprendiendo las razones de su existencia, no es posible declarar universal amnistía a quienes usan y abusan de los bienes públicos.

Por si no estuviera suficientemente claro, se entiende por esto último aquellos cuya característica es ser colectivos y cuyo uso y disfrute es propia de cualquier ciudadano sin distinción, con un resguardo básico; que éste debe respetar la jurisdicción aprobada al respecto para protegerlos, ya que al ser adquiridos con el dinero de los impuestos que cada ciudadano aporta, es patrimonio de todos.

Sin complejos democráticos ni libertarios, porque la libertad y la democracia no se muestran ni se protegen de ese modo, hay que tomar las medidas punitivas necesarias para proteger estos bienes, la educación debe hacer lo suyo, pero mientras tanto, la autoridad también. A buen entendedor, pocas palabras.


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