Sobre métodos inquisitoriales

Fecha Publicación: 31/3/2016

Si hay un nombre unido estrechamente a la imagen de la dorada Salamanca del siglo XVI y su célebre Universidad, es el de fray Luis de León, cuya estatua de bronce testimonia sus lecciones para la posteridad, aunque no fue ni tan rápido ni tan fácil hacerse famoso, después de doctorarse gana por oposición la cátedra de Biblia en la Universidad.

Lo que no sabía Fray Luis es que el ambiente universitario estaba muy crispado en Salamanca, había litigios entre los profesores y la opinión de los estudiantes estaba polarizada, ni siquiera mansamente, de tal manera que los fraudes, agresiones y cabildeos estaban a la orden del día.

Más encima, estaba la poco saludable rivalidad entre los agustinos, orden en la cual militaba nuestro héroe y los dominicos, al cual pertenecía Fray Bartolomé de Medina, también profesor de Salamanca, pero sin el prestigio ni de la admiración de los estudiantes que tenía Luis. La razón de su condena fue la envidia y la rivalidad entre dos órdenes rivales. Le inventaron antecedentes fatales, por ejemplo, que había traducido El Cantar de los Cantares, imperdonable asunto por aquel entonces en España, ya que ponía en castellano vulgar un texto considerado sagrado, que podía ser leído por cualquier hijo de vecino, peligro serio para el monopolio eclesiástico, con lo cual se aseguró del cargo de herejía.

Condenado por la inquisición estuvo preso casi cinco años, lo libraron de mala gana con la advertencia que no se metiera en honduras. Las ideas de Fray Luis terminaron por imponerse y el poder abusivo que trató de quebrarle la pluma terminó por desaparecer sin rastros, como suele pasar.


PROCOPIO


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