Revalorizando nuestros espacios públicos

Fecha Publicación: 29/3/2016

Hay bienes a los cuales no se les asigna valor, especialmente cuando están libremente a disposición de todos, cuando han estado, aparentemente, siempre allí. Sin embargo, cuando se pierden, adquieren la trascendencia que la falta de conciencia impidió aquilatar, en el ámbito urbano un ejemplo frecuente y cotidiano, el uso de los espacios públicos por los ciudadanos. Al observar la diversidad del usuarios, de todas las edades, los niños jugando con manifiesta confianza de sus cuidadores, que les prestan la vigilancia necesaria, sin otra angustia, los que leen tendidos en el pasto, los que conversan a la sombra de un árbol, conforman un cuadro que resulta impensable en otras latitudes, son pocas las grandes ciudades donde sea tan evidente el estado de paz.

Para casi la mitad de los penquistas estos espacios tienen valor, son parte de sus vidas en una variedad de formas, puntos de encuentro, zonas de identidad, de esparcimiento, de socialización, en los barrios, los mayores niveles de satisfacción se relacionan con la convivencia con los vecinos en 76% y conectividad con el resto de la ciudad en 72%.

En la encuesta de Calidad de Vida Urbana, del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, se revela que las plazas y parques son los sitios más utilizados por los penquistas y, en general, por los chilenos; la mayoría de los opinantes manifiesta estar satisfecho respecto de la belleza y entretención de su ciudad, muchos destacan el mejoramiento del Parque Metropolitano Cerro Caracol y Parque Ecuador, con sus ampliados y diversificados lugares para actividades recreativas y culturales para la comunidad, de alta convocatoria.

Los resultados de esta encuesta muestran, del mismo modo, que monumentos, museos, edificios y espacios públicos de interés histórico no son valorados por la ciudadanía, un alto porcentaje, el 70%, declara que los visita rara vez o nunca, un indicador insatisfactorio porque este tipo de actividad está claramente asociado a cultura, situación intranquilizadora en una ciudad con tantos establecimientos de educación superior, un posible indicio de falta de énfasis en el patrimonio cultural regional y urbano.

Hay una dinámica creciente para robustecer la identidad de los barrios, existe evidencia del potencial de los vecinos para llegar a conformar asociaciones de enriquecimiento mutuo, de trabajo comunitario en bien de todos, de iniciativas solidarias, solo que hizo falta un terremoto para ponerlo en evidencia, hace falta otro cambio de parecida magnitud en educación y crecimiento social para transformarlo en un modo rutinario de ser.

En el intertanto hay dos tareas pendientes; por un lado, continuar en el mejoramiento de espacios públicos y áreas verdes, y aumento de la seguridad; por otro, un cambio en la administración y gestión de museos y bibliotecas, hacer de estos sitios lugares atractivos e innegable capacidad de convocatoria, hacer de los museos espacios dinámicos, participativos y atrayentes, rara vez vacíos, rutinariamente ocupados con visitas guiadas de escolares y adultos, como complementos indispensables de la educación y la cultura. 

La tercera tarea es aquella de la participación ciudadana, promover proyectos y facilitar su gestión para que cada integrante del barrio o del entorno que corresponda tenga su parte en el desarrollo de nuevos espacios o el mejoramiento de los existentes, sentirse dueño y parte de la ciudad.


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