Nunca es tarde para aprender

Fecha Publicación: 29/3/2016

Las novedades en cuanto al desarrollo del trascendente territorio de la inteligencia son en general bastante buenas. En los conceptos clásicos había una sola oportunidad y si ésta se perdía las cosas se ponían color de hormiga. Se pensaba que el cerebro crecía con un patrón inmodificable, lo que es hasta cierto punto es cierto en la vida intrauterina, cuando se está tendiendo el cableado, por decir algo familiar. Pero a partir del nacimiento, desde las primeras semanas, cuando la corteza crece y se organiza, el cerebro es maleable, con efectos duraderos en la capacidad del sistema nervioso central para aprender y almacenar información.

Es decir, la genética opera con las condiciones del ambiente, los estímulos, las vivencias y las emociones, por citar algunos de los factores que influyen en ese ámbito. Ni poco ni demasiado, parece ser la conclusión de última línea. En eso estamos los padres afligidos de todas las épocas, tratando de encontrar el justo medio entre lo escaso y lo demasiado.

Hay ahora certeza de la existencia de una segunda, de una tercera oportunidad, no parece haber un cambio irreversible, salvo condiciones extremas. No solamente es posible, sino indispensable seguir aprendiendo, porque el mundo no da indicaciones de abandono del ritmo de novedades y cambios.

Así como muchos de los niños son capaces de superar falencias tremendas, así los jóvenes pueden enmendar rumbos equivocados, provisto que haya ejemplos dignos de imitarse. Sería deseable que aceptáramos el desafío y seguir contribuyendo a formar hombres y mujeres mejores. Sin ofender a nadie, pero hay momentos en los cuales parece que el recurso de los buenos modelos estuviera en vías de extinción.



PROCOPIO


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