De los arrepentidos es el reino... a veces

Fecha Publicación: 25/3/2016

Empieza a ser de excelente tono, al asumir nuevas posiciones políticas en el país, ante el escenario de manifiesta desconfianza y rechazo a los usos y costumbres de parlamentarios, partidos e instituciones varias, hacerse cargo de las críticas y declarar arrepentimiento, con la íntima satisfacción de poder ejercer un acto potencialmente redituable en cuanto a imagen y que no representa en realidad riesgo alguno.

Hay en estas declaraciones una sutil muestra de ingenuidad, ya que se espera que esas confesiones, casi siempre insuficientes, tardías y descomprometidas, dichas en ambiente adecuado y con la solemne gestualidad que la ocasión demanda, sean reconocidas como actos valerosos, por no decir dignos de emocionado y agradecido aplauso.

El tema del arrepentimiento y sus características ha sido examinado- con harto más detención que el conjunto de todas las actuales reformas-, descrito y discutido en el concilio de Trento, en periodos discontinuos durante 25 sesiones, entre el año 1545 y el 1563, para acordar que se trata del "dolor del alma y detestación de los pecados cometidos, con el propósito de no pecar más en el futuro" a mayor abundamiento, aclara que no puede consistir solamente en el propósito y comienzo de una vida nueva, sino que, en principio, ha de incluir también la repulsa explícita y libre a la vida pasada.

La otra cara del arrepentimiento es que no exculpa necesariamente y suele llevar penitencia, la que corresponda a la magnitud del error. Los costos de los errores no pueden ser asumidos por otros inocentes, bastando con el simple y liviano arrepentimiento del hechor, o de la agrupación entera de los responsables.


PROCOPIO


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