Observatorio de áreas verdes

Fecha Publicación: 21/3/2016

El crecimiento de las ciudades, el incremento de la densidad de sus pobladores, debe poner a prueba los, supuestos, muy bien normados planos reguladores. Sin embargo, hay una clara desarmonía entre los textos y las prácticas. 

 

Esta es la ciudad que se instala en Chile desde que gentes del otro lado del charco deciden empezar a ser señores fundando ciudades, ha sido destruida innumerables veces y otras tantas se ha levantado desde los escombros. Sería esperable que, con tanta experiencia, fuera una referencia de cómo volver a levantarse desde el polvo, con capacidad para compartir su trabajosos saber hacer.

Sin embargo, a pesar de la existencia de profesionales de altas calificaciones, la ciudad nueva no tiene nada que mostrar, sino réplicas ad nauseam de la misma cosa, los mismos edificios que pueblan el planeta en selvas anónimas de cemento de cada vez más aburrida similitud, con perfiles y planos que han de estar en todos los manuales de procedimiento expedito de miles de inmobiliarias del planeta.

Además de perder la oportunidad de enriquecer la imagen de la ciudad, de crear formas nuevas y atractivas, se pierde también la de otorgar belleza al entorno, a construir una ciudad amable, bella e inteligente, cualidades que parecen humanas, sencillamente porque se supone que humanos son los que van a vivir en ellas.

El factor más frecuentemente agredido, además de monotonía, es la poca consideración, salvo honrosas y bienvenidas excepciones, a las áreas verdes, tema absolutamente relevante al ser éstas importantes en la calidad de vida de la población y en la ecología urbana.

Las áreas verdes son objeto de preocupación universal y existe, en consecuencia, un estándar mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Chile tiene un gran desafío por mejorar en esta materia, ya que en promedio presenta bajos niveles de metros cuadrados por habitante y una alta desigualdad a nivel regional y comunal. 

Según la información de Observatorio Urbano, al estimar el promedio de áreas verdes con mantenimiento municipal por habitante para cada región del país, se observa que ninguna región alcanza el estándar de la OMS de 9 m2/hab y además se evidencia una amplia disparidad entre ellas. La Región de Arica y Parinacota es la que registra el valor más bajo (0,7 m2/hab), la Región Metropolitana de Santiago alcanza sólo 3,4 m2/hab.

Mientras cada habitante de San Pedro de la Paz dispone de 7,68 metros cuadrados, esa cifra baja a 5,63 en el caso de Hualpén, a 5,34 en Concepción y 4,28 en Lota, que se acerca al promedio del Gran Concepción, que es 4,0 metros cuadrados por habitante.

El crecimiento de las ciudades, el incremento de la densidad de sus pobladores, debe poner a prueba los, supuestos, muy bien normados planos reguladores, sin embargo, hay una clara desarmonía entre los textos y las prácticas. Se describe en términos casi líricos las ventajas de las áreas verdes; favorecer la actividad física, la integración social y una mejor calidad de vida de la población; además de proveer servicios ambientales como el control de la temperatura urbana, captura de carbono, mejora de la calidad del aire, protección de la biodiversidad, reducción de erosión, control de inundaciones, ahorro de energía, control de ruidos, entre otros. 

Si realmente hay voluntad de hacer una mejor ciudad, es inexplicable que esa declaración no tenga correlato con lo cotidianamente observable, edificios que se levantan como gigantescas maquetas, ni siquiera originales, sin espacios externos públicos, invitando más a recluirse que a concurrir con otros a vivir la ciudad, como castillos encimados.


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