A revisar el valor de la decencia

Fecha Publicación: 21/3/2016

Puede ser una declaración de hastío, aquella de conformarse, opacamente, que las cosas han sido así desde antiguo, pero no es verdad, la falta de decencia ha estado presente desde siempre, pero no ha tenido, como ahora, tal grado de práctica, sobre todo por parte de aquellos que históricamente han estado a cargo de preservarla, de cultivarla, de hacerla un modo de vivir.

La decencia es el recato, la compostura y la honestidad de cada persona. El concepto permite hacer referencia a la dignidad en los actos y en las palabras. Se le puede definir como el valor que hace que una persona sea consciente de la propia dignidad, por tanto, en la mayoría de las culturas del mundo es considerada como un valor notable.

No sólo está relacionada con el plano sexual, o con la higiene, sino que hace referencia al conjunto de acciones y de ideas que definen la calidad de una persona, sus inclinaciones en cuestiones como la justicia, la compasión, el respeto de la libertad ajena y a las convenciones de una sociedad sana.

La deshonestidad es la acción que está en la vereda de enfrente, es la ausencia de honestidad, de ética, de honradez y de rectitud en cuanto al pensar y al actuar, la resultante el deshonor, que implica la pérdida de respeto, de estima y de dignidad.

Cualquier analogía con los perfiles exhibidos por algunos personajes del mundo político o empresarial, particularmente porque se esperaba mucho más de ellos, es absolutamente intencional. Los desheredados de la fortuna, los privados de recursos, los sobrevivientes, tienen al menos un atenuante, el resto, ninguno, para su propia vergüenza, si aún hubiera. 


PROCOPIO


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