Camino al corazón del hombre

Fecha Publicación: 19/3/2016

Es duro confesar que para las personas de cierta edad, aquellos que vivieron los tiempos en que la televisión era un medio incipiente, que los términos usuales en su lenguaje, ciertas expresiones, no pocos sustantivos y algunos adjetivos, delatan con implacable exactitud, grados avanzados de obsolescencia, que algunos de los giros de su lenguaje han dejado de usarse y que sería dable más bien encontrarlos al abrir cápsulas del tiempo en el próximo milenio.

Es un pensamiento intranquilizador, porque podría concluirse que ese lenguaje antiguo está fuera de la realidad. Como defensa natural se puede aducir que los viejos términos, usos y costumbres tienen mucho de válido y que las convenciones modernas tienen mucho que aprender de ese pasado que no termina de desaparecer y que podría convertirse en poderoso auxilio en tiempos de necesidad.

Se puede proponer un caso extremo; el consejo femenino ancestral, en otros tiempos de vergonzante machismo, en el cual se indicaba, con irrevocable certeza, que el camino más corto al corazón de un hombre pasaba por el estómago. Habrase visto barbaridad semejante, mentira más flagrante, irreverencia más insoportable. En fin, eran otros tiempos, los de la vida rural y el analfabetismo que permitió la supervivencia de tamañas falsedades.

Sin embargo, como toda propuesta endeble, suele haber algo de cierto y, en algunos casos, tanto de cierto que parece que el mito fuera más auténtico que la ley de la gravedad universal. La gran diferencia estriba en que, para la mujer contemporánea, el paso al corazón del hombre puede que no tenga la importancia que los del sexo opuesto le habían atribuido. El estado del arte es saber cómo cada cual llega al corazón del otro.



PROCOPIO
 


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