El saturado presente y las amenazas de la sobrepoblación vehicular

Fecha Publicación: 18/3/2016

Para quienes están directamente involucrados en los mercados que corresponda, las cifras que registra la venta de vehículos, específicamente automóviles, o para vendedores de bienes inmuebles, específicamente casas o departamentos, las noticias que en los últimos años se ha septuplicado la venta de vehículos, que la mayoría de los chilenos mayores de edad tienen automóvil, que haya muchos más autos que casas, es un signo de importancia económica digno de tener en cuenta a la hora de diseñar planes estratégicos. Pero puede haber otras numerosas lecturas que sean a su vez mensajes claros para otros tipos de planificación.

El automóvil se ha transformado, por obra y gracia de un mercado, que ha sabido encantar a los consumidores, presa fácil en una sociedad aspiracional- sobre todo en los surgimientos materiales- en un símbolo de éxito, en una marca de clase, además de ofrecer a su poseedor innúmeras ventajas propias de la movilidad autónoma, como aprender a andar de nuevo, esta vez con un radio considerablemente más amplio.

En un relato de Cortázar, quien recibe un reloj fino de regalo, inevitablemente se introduce en el mundo de los relojes de marca, cuida y protege este nuevo bien, no puede evitar compararlo con otros relojes de alta gama, sin saberlo, se transforma él mismo en el regalo para el reloj; capturado por el objeto, como bien puede ocurrirle a los dueños de automóviles, al ingresar a un universo que presenta rápida obsolescencia y nuevas y tentadoras ofertas para subir de año, de marca, de potencia, de tamaño, según sean sus prioridades. 

Si bien es cierto que la lectura inmediata es la prueba de la mayor capacidad adquisitiva de la población, también puede ser que la capacidad sea la misma o menor y haya cambiado el perfil del comprador, que no vacila a la hora de contraer deudas con tal de estar a la altura de las circunstancias, sin fijarse en el grado de cercanía a la saturación de su capacidad de pago.

La otra señal evidente es que los vehículos necesitan desplazarse y estacionarse, ambas posibilidades cada vez más restringidas, entre la circulación en las calles y carreteras y la capacidad de estas vías y el cada vez más notoriamente escaso sitio para aparcar. El resultado neto es que las conveniencias del desplazamiento individual empiezan a desaparecer, al mismo tiempo que se satura las ciudades de gases y de ruidos, hasta transformar, en determinadas horas, la circulación en una mala metáfora.

Es muy difícil que mediante campañas de convencimiento se pueda revertir esta situación, destruir de una plumada el sueño del auto propio. Si se quiere librar a la ciudad de la plétora insufrible de atascos y frustraciones hay que ofrecer alternativas irresistibles, como transportes decentes, seguros, cómodos y exactos. Es un gran desafío, otras ciudades latinoamericanas, en Colombia o en Brasil, han logrado sacar a las gentes de sus vehículos y ponerlos a transitar confiadamente en transporte colectivo de alta calidad.

Es muy posible que los planes estén por allí, junto con la montaña de sueños provincianos que se quedaron sin soporte, por falta de fe, por descuido, por falta de compromiso, o a lo mejor por los vaivenes políticos que pasan por encima del bien común ciudadano. No son utopías los trenes de cercanía con impecables diseños de conexión y confiables llegadas y salidas. La utopía podría ser encontrar impulsores que no se distraigan por el camino.


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