Elevados requisitos de la sátira

Fecha Publicación: 17/3/2016

Hesíodo, un poeta griego de Asia, viviendo en los años 700 AC, en su obra Teogonía, describe el mito de las cuatro edades, contribuyendo con esta idea de sucesión cíclica de eventos en el devenir de la vida del hombre, ejercicio de posible utilidad nemotécnica que no hemos dejado de utilizar hasta el día de hoy: en el principio hubo una edad de oro, luego vino la de plata, bronce y hierro, cada una de ellas peor que la anterior.

La imagen de un pasado mejor y de la degeneración de la sociedad actual ha sido y es una constante en el pensamiento de todas las épocas, siendo plasmado a menudo por los poetas. En alguna parte, Hesíodo comenta con bastante amargura: "¿Adónde iremos a parar con la juventud de hoy?... antes respetábamos a nuestros mayores...", etc. El resto es lo que nosotros, en cualquier momento, podríamos opinar comparando este presente con tantos asuntos preocupantes y el pasado idílico. 

Durante el reinado de Trajano escribe Decimo Junio Juvenal, un poeta satírico, del subgrupo cáusticos; sus Sátiras son una fuente vital para el estudio de la Antigua Roma desde un vasto número de perspectivas, su forma de expresión cómica, hiperbólica, culta y amarga, dejan testimonio de una profunda desilusión, al observar el estado de la moral y las costumbres, o valores si se quiere, predominantes en el alto imperio.

A primera vista, las Sátiras pueden leerse como una crítica brutal de la Roma, pero al mismo tiempo, por lo elegante de su construcción, un bienvenido respiro frente a las contemporáneas críticas sociales del humorista de turno, haciendo uso y abuso de lenguaje grosero, de rápida apelación a la así llamada picardía nacional. 


PROCOPIO


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