La eterna espera hacia el soterramiento de la línea férrea

Fecha Publicación: 14/3/2016

Como todas las historias de las postergadas iniciativas penquistas, esta tiene un pasado remoto, años de ensayos, de sesudos estudios, de promesas de apoyo. Para no viajar a mayor distancia, en 1996 el Directorio Urbano planteó la necesidad de soterrar la vía férrea, iniciativa apoyada en 2009 y 2010 por los intendentes de la época.

Como parte del ritual de los proyectos para regiones, existen estudios de prefactibilidad- el prefijo pre es casi una exclusividad de aquellos planes que se realizan alejados de la capital- uno terminado en 2010 y su correspondiente actualización en 2014. Sin embargo, surge ahora un elemento adicional considerable: el traspaso de $1.000 millones que realizó Transportes a Fesur, y $2.000 millones más entregados por el Core que cubrirán la ingeniería de detalle del proyecto y una gerencia que lidere la iniciativa.

El intendente Rodrigo Díaz aseveró que aún es imposible dar por sentado el soterramiento, pero que una vez que el estudio concluya, se sabrá qué intervención es la más adecuada. Resultados que avalarán al Directorio Urbano para que a futuro pueda plantear a un nuevo gobierno la necesidad de materializarlo. Ante ese horizonte, nuevo gobierno regional por medio, en el mejor de los casos había que esperar cinco años para que el sueño de mirar al río Bío Bío se concrete.

Al intento no le falta socialización, es muy posible que sea una de esas iniciativas que más ha ocupado la conversación al estimar para dónde quiere caminar la ciudad de Concepción. Si sigue trepando a los cerros, si continúa el nefasto relleno de humedales, si utiliza sitios estratégicos en la intercomuna para hacer complejos habitacionales entre exclusivos y segregados, o si de una buena vez por todas, llega a la ribera del río y completa el perfil de una sola ciudad, derribando el muro.

El muro es una línea férrea, que mientras esté allí perpetúa la condición de dos ciudades, una situación descrita por el arquitecto Sergio Baeriswyl, premio nacional de Urbanismo, como una mordaza urbana, que establece una brecha objetiva entre los dos segmentos de la ciudad, ejemplifica; "los terrenos a un lado de la línea cuestan 20 UF el metro cuadrado y al otro lado 3 UF, lo que es un fiel reflejo de la desigualdad enorme que provoca el ferrocarril".

Además de unidad urbanística, hay otros factores que hacen insostenible la indiferencia o pereza para resolver este asunto. El soterramiento permitiría superar y acercar a la comunidad a los bienes públicos que se están generando ahí, como el Teatro Regional, nuevas áreas verdes, una costanera que se transforme en el balcón donde los penquistas puedan asomarse a mirar el río más ancho y con mayor historia de Chile. 

No se demora la capital metropolitana en asignar 150 millones de dólares en un tren subterráneo en avenida Kennedy que son mil 300 metros, o estudiar con admirable soltura, extender el metro a San Bernardo. Las autoridades regionales y comunales lo tienen claro: o se lucha por lo que en justicia le corresponde a la región y a las comunas, o los financiamientos posibles se quedan en el centro. He ahí una tarea conjunta para nuestros representantes, alzar la voz y pedir el respaldo ciudadano para hacerla más potente y respetable.


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