Resguardos a tener en cuenta para generar una nueva constitución

Fecha Publicación: 13/3/2016

Tendrá que haber un cambio radical en el modo de asimilación de los ciudadanos chilenos, que por decenios han dado muestras de relativa inhabilidad para lidiar con más de un problema a la vez, razón por la cual un asunto novedoso borra de la pantalla todos los demás, salvo que en esfuerzos comunicativos sea posible traerlos al foco de atención. La Nueva Constitución, ese es el tema.

En la orden del día, los pasos a seguir han sido expuestos. La apertura corresponde a marzo, habiéndose declarado que en esta época se da inicio a los diálogos ciudadanos para fomentar la formación cívica en la gente. Una fase que contempla instancias comunales, provinciales y regionales, con el propósito de apreciar las visiones particulares. En primera programación, esta etapa se desarrollaría entre el presente mes de marzo y octubre del 2016.

En el segundo semestre del 2016, la Presidenta Michelle Bachelet entregaría el proyecto, basado en la elaboración de las Bases Ciudadanas para la Nueva Constitución, y al mismo tiempo se debe reformar el actual sistema para que el Congreso pueda dirimir en cuál será el procedimiento de reemplazo constitucional, teniendo como opciones un Comisión Bicameral, Convención Constituyente, Asamblea Constituyente o un Plebiscito.

La magnitud de este nuevo emprendimiento gubernamental, que ha sido impulsado de modo esporádico, ha resultado enmascarada por otras urgencias, por las descritas como las febriles actividades de reforma. En un escenario de avance de las propuestas laborales y tributarias, con algo de claridad en la Reforma Educacional, este tema tiene que resurgir con fuerza, toda vez que de lo poco que se ha dicho al respecto, muchos ciudadanos han concluido que este cambio es la solución a casi todo lo malo del país,

Aparece entonces otra figura preocupante: la posible hipertrofia de las expectativas. El reemplazo de la Constitución con el pecado original de su nacimiento en dictadura, a pesar de intentos de blanqueamiento en democracia, por otra carta magna que corrija lo que hay que corregir, que exprese la voluntad y esperanza de la ciudadanía. Es una aspiración tácita, la letra que cambia la realidad por la mera y esperable buena intención.

Si se recuerda algunas situaciones descritas, como la pérdida de la educación cívica, sobre las limitadas habilidades de muchos para entender lo que se lee, el desapego de amplios colectivos en lo que tiene que ver con la cosa pública, permite dudar del real conocimiento de la actual Constitución y de los asuntos que contiene y que debieran ser cambiados.

Habrá facilitadores en los diálogos ciudadanos, todos ellos capacitados y remunerados, lo que deja un eventual margen para guiar las discusiones en algún sentido, o influir en las conclusiones basándose en conocimiento superior.

La única manera de hacer estos diálogos creíbles es que sean entre personas que sepan de qué están realmente hablando, motivados e informados, ya que sin este requisito es imposible tener opinión válida. Informar cabalmente, sin intencionalidad, es una tarea previa e indispensable a la hora de seleccionar entre lo que debe salir y lo que tiene que quedarse, la nueva hoja de ruta de la Patria.

La única manera de hacer estos diálogos creíbles es que se produzcan entre personas que sepan de qué están realmente hablando, motivados e informados, ya que sin este requisito es imposible tener opinión realmente válida.


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