Estatuto para limitar los privilegios de los parlamentarios

Fecha Publicación: 10/3/2016

Es un indicio, pero un buen indicio, por cauto que haya sido el proceso de su elaboración, el enunciado es de una saludable novedad, los parlamentarios empiezan a darse cuenta que no basta con las promesas de buena conducta y que ha llegado el momento de aplicar el dictamen severo de Roma; res non verba.

Es lo que muchas veces hace falta en el inefable mundo de la alta política y de la baja con más razón; las acciones, no las palabras. Es verdad que por el momento se trataría solo de los enunciados, pero de ese tipo que de no cumplirse se hacen inmediatamente visibles, con un agravante, que en este caso en particular, si desaparecen los compromisos y la voluntad de hacer cambios, los hechos quedan adecuadamente expuestos y de público conocimiento.

Sin este reconocimiento tácito de culpa nostra, no habría quedado en evidencia para muchos ciudadanos de buena fe y de poca malicia, el listado de bienaventuranzas que protegen generosamente a nuestros parlamentarios, aún a los más proclamadamente austeros.

La iniciativa contempla un estatuto parlamentario, que debía ser más propiamente un reglamento, o sea, ese conjunto de normas legales por las que se regula el funcionamiento de una corporación, por lo que se ha sabido, en parte son "Intra legem", o sea, cuya función no es otra que completar una ley, a la que añaden algunas particularidades específicas, y otras normas que pretenden regular una materia, sobre la que no existe una ley encargada de hacer lo propio.

Es lamentable que se haya llegado a este punto, por otra parte, ya que para la gente buena no hacen falta demasiados reglamentos, basta con instrucciones simples, como en la orden de los benedictinos; reza y trabaja. En la vida actual bien puede ser que sea necesario ser harto más específico y así ha sido en el caso de la propuesta parlamentaria.

La relación de asuntos normados permite tener una mejor perspectiva, por ejemplo, con respecto a vacaciones, en ese aspecto el nuevo estatuto propone fijar 15 días hábiles de vacaciones para cada diputado durante febrero, al que se agregarán días de manera progresiva, de acuerdo a los años en los que ha cumplido labores parlamentarias.

Seguramente dolorosa ha de ser la imposibilidad de acumular millas por viajes realizados en su calidad de parlamentarios, ya sea en Chile o el extranjero, con ese objeto la Cámara de Diputados ha acordado que no corresponde la acumulación automática de millas en sus compras de pasajes aéreos nacionales e internacionales. Al mismo tiempo que indica restringir la compra de pasajes en clase Business y prohibir que se extiendan por motivos personales viajes que son laborales, y terminar con el pasaporte diplomático para esposas e hijos.

Sorpresivo puede parecer que haya sido necesario igualmente establecer que los parlamentarios deberán costearse su propio almuerzo y cena, raro privilegio para esos funcionarios adecuadamente remunerados, por lo menos bastante mejor que aquellos chilenos que humildemente financian sus apuradas colaciones.

El Presidente de la cámara alta Horacio Walker promete: "No va a quedar un solo privilegio en el Senado". Es una buena y saludable promesa, aunque falta por saber si son todos esos los privilegios que existen, sería penoso enterarse que quedan asuntos guardados por resolver. Si lo que se busca es recuperar la fe de la ciudadanía más vale mostrar absoluta y completa sinceridad. 


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