La indispensable tarea de mejorar la ciudad

Fecha Publicación: 8/3/2016

La ciudad de Concepción empieza a saturar sus espacios humanos, nuevamente, la apertura de las universidades locales, el regreso a los colegios, ha traído a la urbe su tradicional ruido de pajarera, de cientos de jóvenes, muchos de los cuales empiezan por primera vez en la vida de sus familias su andar por los complejos caminos de la educación superior, más los acompañantes adultos que les auxilian, a muchos de ellos, en las primeras búsquedas de un lugar para vivir durante su año académico. Es una situación estimulante y enriquecedora para la ciudad, que ha vivido ese pulso por casi un siglo. 

La contraparte de esa inmigración optimista y vocinglera, es el desafío que representa para la administración municipal y para las autoridades regionales, enfrentar una demanda multiplicada de servicios, de toda naturaleza, desde la movilización a la gastronomía, o sin ir más lejos, al uso de espacios públicos, de pronto apenas suficientes.

Es de la más elemental justicia reconocer el compromiso de las autoridades edilicias penquistas para hacer de Concepción una ciudad digna de su historia e importancia en el país, del entorno que posee y de la población que alberga.

En razón de lo anterior la ciudadanía debe estar consciente que no hay día de reposo en emprendimientos de esa envergadura, como la intervención de la Diagonal, que puede representar la creación de un inolvidable rincón de la urbe, un punto de encuentro de indudable atractivo y una postal añadida a las que suelen ocupar los lentes de nuestros visitantes.

Hay que reconocer el compromiso asumido por el alcalde para combatir el comercio ambulante, a pesar de incomprensiones y solidaridades paradojales de algunos ciudadanos, la tarea sostenida para reubicar a los locatarios del Mercado Municipal, a la espera de las decisiones que lleven a reconstruir el sector entero.

Es interesante, para entender las dificultades de los avances, observar el comportamiento de un grupo de comerciantes ambulantes que protagonizaron una violenta protesta, mientras se inauguraba el nuevo Mercado de Caupolicán, con lo que las autoridades buscan terminar con las ventas callejeras en las cercanías del siniestrado Mercado. No se termina de entender que hay una diferencia entre los que asumen los compromisos que corresponde para ejercer actividades comerciales y la práctica ilegal de la actividad, que da lugar a diversas consecuencias probadamente indeseables.

Devolver los espacios a la sociedad penquista es una necesidad perentoria, sencillamente porque no hay demasiados y los que existen están en permanente condición de asedio, por vendedores variopintos, por músicos aficionados, por estrepitosos predicadores, en ocasiones, una intolerable contaminación acústica magnificada por amplificadores utilizados a discreción y el agolpamiento de peatones en los espacios residuales

Controlar estas situaciones, mejorar el aseo y mantener en óptimas condiciones el mobiliario urbano es una actividad ingrata, pero indispensable; se requiere de voluntad, constancia y sobre todo de colaboración de la ciudadanía, en tácita solidaridad con los esfuerzos municipales. 

Es comprensible la tentadora tendencia a dejar pasar, resignarse y bajar los brazos, harto más popular que el ejercicio continuo del control y la protección, pero ni la ciudad, ni los penquistas y sus autoridades pueden darse ese lujo.
 


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF