Reformas del destino

Fecha Publicación: 8/3/2016

Queda abierto el tema de conversación sobre la fuerza del destino, más que como un excelente título de ópera, lo que se propone es discutir si el destino está hecho, o lo hacemos. Es un asunto de muchos matices, el destino puede ser el haber nacido en un lugar o época determinados, en la estructura y recursos de una familia donde este incidente ha ocurrido. 

Por otra parte, la insondable e incógnita herencia, no la que dejan los parientes al dejar este mundo, sino la otra, la del ADN, aquella que determina el color de la piel, de los ojos, del pelo, gran parte de estatura, mucho de la salud, bastante de inteligencia, y más de algo del temperamento. Con semejante paquete ya provisto, se puede optar por dejar las responsabilidades allí, sin más, resignadamente. O, por el contrario, tomar las cartas que nos han repartido y hacer con ellas lo mejor que se pueda, asunto que a diferencia de la actitud anterior, conlleva un esfuerzo enorme y sostenido, de optimismo, de fe, de voluntad, de trabajo.

Hacer todo lo que se pueda con lo que nos ha tocado en el juego, es la otra cara del destino, a menos que se pueda creer que fatalmente todo lo que nos sucede está escrito en un gran libro inalcanzable, mucho del destino se puede hacer a base de entrega a nosotros mismos y a la sociedad cercana y remota. Ser el arquitecto de ese destino, en versos de Amado Nervo; "yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino".

Falta comentar que ni el mundo es perfecto ni la vida justa, pero aun así, a nosotros nos toca hacer la diferencia.


PROCOPIO


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