La educación como instancia de equidad social

Fecha Publicación: 6/3/2016

Las cartas a los editores de los medios escritos, o las columnas de colaboración, constituyen un poderoso instrumento para tomar la temperatura, si son adecuadamente valoradas, puede que no sean la vox populi, o la voz Dei, pero suelen contener ideas desde el terreno, muchas veces si son lo suficientemente estimulantes, invitan a interesantes contrarréplicas. En este caso en particular un diálogo, posiblemente no terminado, en la prensa nacional, por esa vía, entre quien procede a alertar contra "La Trampa de la Ley de Inclusión", cuya argumentación apunta a la defensa de los proyectos educativos de determinados colegios, que se verían amenazados por la terminación de algunas normas que para las instituciones aludidas garantizan el cumplimiento de su proyecto y su adversario argumental, quien describe situaciones asimilables al uso de sofismas.

En este caso un sofisma educativo, aceptando como definición de sofisma al argumento o raciocinio falso, formulado con la finalidad de inducir en el error al adversario, por medio de la exposición de premisas falsas o verdaderas y conclusiones que no se adecuan a las mismas, manipuladas con habilidad con el propósito de defender un posición y confundir al contrario

La oposición más severa contra la relativa liberalidad de la ley de inclusión, es la falta de imperio de los así llamados "Reglamentos de Convivencia", para el interlocutor, esos reglamentos pueden transformarse fácilmente en herramientas de exclusión escolar mediante la cancelación o no renovación de matrículas por causas subjetivas y arbitrarias, bajo la excusa de lograr un "Proyecto Educativo".

No existe una respuesta a esa aseveración todavía, aunque es muy posible que así pueda ocurrir, que el divorcio de los padres del niño, por ejemplo, sea causal de término de la continuidad del hijo en el colegio, sin suficiente evidencia como para darlo por efectivo, pero con suficiente base como para que no sea considerado imposible.

Se sale al paso, igualmente a la declarada actitud de los padres y apoderados que "adhieren libremente" a los reglamentos del colegio al cual aspiran como adecuado para sus hijos, bajo el supuesto que existe la "libertad de elegir". Libertad relativa al no haber en realidad otra opción viable, por lo tanto, el colegio tiene la situación controlada siendo claramente la parte más fuerte.

El otro lado de la cuestión defiende el rol de un Estado subsidiario propio del modelo Neoliberal que excluye o minimiza el rol del Estado de los asuntos que atañen al desarrollo de los Colegios y los ya nombrados proyectos educativos. Lo que visto sin mayor análisis es un respaldo a la libertad de la enseñanza y a los ciudadanos para sustentarla.

La argumentación al respecto está llena de frases de libreto, observa que lamentablemente lo que algunos colegios entienden por "Proyecto Educativo" el alcanzar altos puntajes en el Simce o la PSU, elegir estudiantes de determinado perfil, con potenciales de mercado para competir en el mercado de las matrícula.

No es de extrañar que este asunto desate encendidas polémicas, ante la posibilidad de insistir en la educación como mercadería, descuidando la posibilidad de educar de modo similar en calidad a todos los niños de Chile. Si bien es cierto, es utópico pensar que en poco tiempo se democratice la enseñanza, después de cientos de años de mundos paralelos, es irrenunciable la idea de acercar a todos los niños chilenos en un sistema educativo de similar calidad, a pesar de los sitios donde les tocó nacer.


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