Candidatos al minuto de fama

Fecha Publicación: 6/3/2016

Estar en la fotografía, en el epicentro de la noticia, en las pantallas de los televisores, es un objetivo de culto para los políticos de todos portes y colores, por modestos que quisieran aparecer. Sobre todo el debate político televisado ha sido una iniciativa desproporcionadamente valorizada, se publicita como el momento en el cual los perfiles de los candidatos quedarán expuestos con meridiana claridad para dilucidar los grandes temas, con resultados decisivos.

El impacto de estas instancias tiene precedentes poderosos, basta con recordar, los más antiguos, la ya mitológica oportunidad en la cual un Kennedy adecuadamente maquillado, con la partitura afinada y un adecuado entrenamiento por grupos de expertos, enfrenta a un Nixon desaliñado, mal afeitado y sudoroso que, cada vez más nerviosamente, trata de superar, improvisando, a un individuo que a todas luces era el dueño del escenario.

A partir de entonces todo el mundo aprendió a temerle a la pantalla que hace mucho tiempo dejó de ser chica. O, más que temerla, a atribuirle un poder decisivo para decidir el destino de un postulante en un proceso electoral. Sin embargo, cuando hay mucho candidato y poco tiempo, los participantes más parecen relatores de eventos deportivos, en el ánimo de comprimir el máximo de ideas por minuto. Así no es realmente posible concluir nada, es difícil que en esas circunstancias se pueda estar a la altura de los acontecimientos, y transformarse en un espectáculo para morbosos.

Para variar, lo que la ciudadanía esperaría en un par de frases que clara y sinceramente expliquen para qué quieren ser elegidos, porqué ellos y no cualquier otro.


PROCOPIO


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